La estrategia mamerta
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
Haciendo uso de las redes sociales, a los llamados mamertos, se les ha alborotado el chunche, haciendo un escandalo mediático sobre la llegada a Colombia de Andrés Felipe Arias, para reducir el escándalo (fuga de Santrich) que sepultó, para no decir trizas, los acuerdos entre los habaneros.
Han llegado hasta compararlo con Santrich, como si se tratara Arias, de igual condición delincuencial, es decir, narcotraficante, terrorista, violador, asesino y todos los adjetivos por los que ha transitado Santrich sin que hasta ahora se tenga conocimiento de algo distinto a las venias que las altas cortes le ha ofrecido y proporcionado, perdiendo autoridad moral y jurídica para seguir invocando la majestad de la justicia y su autonomía en los requerimientos con las otras ramas del poder público y la sociedad.
Arias como lo dijo recientemente el excandidato presidencial y gran jurista Rafael Nieto, “fue objeto de persecución, necesita segunda instancia, no es un ladrón, no favoreció a los más ricos... Quien diga lo contrario no leyó la sentencia del caso”.
A Arias lo condenaron los medios de comunicación, y las Altas Cortes, estos últimos entregaron hasta en la toga, denunciando actos supuestamente cometidos por aquel en el ejercicio del ministerio de agricultura, donde en nada guarda coherencia los considerandos de la sentencia con la parte resolutiva.
En los considerandos de la sentencia lo absuelven, y en la parte resolutiva de la misma, lo condenan. Ahí está el detalle como dijo Cantinflas, sin faltarle al respeto a comediante mexicano.
Era tal el afán de condenarlo, sencillamente porque la mente de quienes los juzgaron estaba y aún está llena de odios viscerales contra Uribe, por haber sido quien destapó la podredumbre de las cortes, que posteriormente con la colaboración de la DEA, se demostraron las andanzas delincuenciales de los togados, hasta el punto de haberse llamado el “cartel de la Toga”.
Posteriormente se descubrió en grabaciones que la condena de Arias era política y no jurídica, dicho por los mismos del cartel. ¿Con estos antecedentes, acaso no es obligación, por el mismo bloque de constitucionalidad, respetando los tratados internacionales suscritos por Colombia, conceder la segunda instancia a Arias y a 700 juzgados, o es que solamente el bloque de constitucionalidad opera para los narcotraficantes y terroristas del acuerdo de la Habana?
No se necesitan leyes adicionales para conceder dicho derecho, porque las normas internacionales así lo reconocen y la ONU así lo ha hecho, pero la persecución política ha podido más contra Arias, que el ejercicio a plenitud del derecho a que están sometidos los togados incluidos los del cartel.
Cuando se recogerán los destrozos al derecho que han realizado estos bandidos de las altas cortes que condenaron a Andrés Felipe Arias.
