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Opinión/ Creado el: 2020-08-14 04:38

La especie fabuladora

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 14 de 2020

Por Carlos Andrés Pérez Trujillo

Hay muchas frases de cajón para simplificar la diferencia entre animales y humanos, sin embargo, tal vez la que mejor define los contrastes es “sentido”.

Somos la única especie que a la fecha le da sentido a todo el trayecto de la vida y es consciente de la muerte- además de temerle-. Esa obviedad –para algunos- ha desvelado a muchos escritores, historiadores o antropólogos intrigados por nuestra particular forma de ser.

Una de estas personas es Nancy Huston, una escritora canadiense, quien nos explica cómo hemos creado (casi  todo)  mediante artilugios de la palabra. Es más, en uno de sus más recientes libros (La especie fabuladora), con ejemplos tan sencillos que a veces pasamos por alto en nuestra cotidianidad, nos demuestra que si nos quitaran el lenguaje que “relata” la vida y le da sentido, seríamos carne solamente.

Tal vez por esa razón es que la Biblia termina siendo una poderosa narración que sigue fascinando a creyentes y no creyentes: “En un principio existía el verbo…”. Realmente la palabra nos ha dado vida en el relato que construimos de nosotros mismos.

Los apellidos no estaban escritos en Mesopotamia hace 6 mil años, los nombres tampoco. Los colores, los sabores, las mediciones, todo le hemos dado un sentido, un significado. Incluso, medimos el tiempo.  “Sólo los seres humanos miden el tiempo. En la eternidad del universo no hay fechas” (Pág. 33).

Esto encaja coherentemente con lo narrado en la serie dramática Dark- sobre todo las dos primeras temporadas- pues lo que le da sentido a esos hipotéticos mundos paralelos es el tiempo. Así las cosas, el ‘enemigo’ en nuestro fantasioso mundo es el tiempo. Cada ser humano que nace está ligado a una cultura que tiene una memoria de su “pasado” que determina lo que somos.

En cada una de nuestras culturas edificamos mitos y ponemos a trabajar al lenguaje en función de esto: creamos mundos, religiones, enemigos, y cuantas fantasías nos afiance o nos identifique con el otro. “Para el ser humano, el nacer significa merecer nacer. En los humanos analfabetos, la genealogía  (por fantasiosa que sea), es el primer elemento de la educación, es decir, de la identidad.”

“Desde la concepción (la psíquica incluso antes que la física: nuestra madre, nuestro padre o ambos soñaron con tener un hijo) se nos otorga un mérito artificial, el del ser hijo de…”

“Las ficciones empiezan ahí y solo terminarán si borramos el recuerdo de todos los seres vivos”, asegura Nancy Huston, para luego asegurar que lo que nos da sentido es precisamente esas ficciones.

Vale la pena leer La especie fabuladora, un sencillo y especial libro que explica parte de nuestra condición de sapiens. Luego de leer sus 150 páginas podremos coincidir o afianzar nuestros eternos prejuicios.