Opinión/ Creado el: 2018-11-29 01:40
La encrucijada de la caficultura huilense
Por: Armando Saavedra
Tomándonos un tinto con líderes cafeteros de La Plata, comentaban su gran preocupación, pues a pesar del esfuerzo que realizan, del trabajo honesto, comprometido, jornadas de trabajo de sol a sol, no ven un panorama claro ni para su labor, ni para su sector.
El día de ayer, se realizó el lanzamiento del convenio firmado entre la Gobernación del Huila y el Comité de Cafeteros, proyecto liderado desde la dirección de planeación departamental, con el apoyo de la secretaria de agricultura, por un valor de ocho mil quinientos millones de pesos ($8.500.000.000) para apoyar a 25.400 pequeños productores en la renovación y/o reconversión de nueve mil hectáreas de cafetales, proyecto que incluye la siembre de 4000 hectáreas de maíz o frijol, para garantizar la seguridad alimentaria de los productores que deben soquear sus cafetales, la asistencia técnica y el acompañamiento del proceso por parte del Comité.
Pese a los esfuerzos de nuestros campesinos, la dirigencia cafetera, así como de la Gobernación del Departamento y la Asamblea, quienes aprobaron una política cafetera que pretende apoyar por los próximos 5 años los programas de renovación de los cafetales; el sector se encuentra hoy en una encrucijada.
De un lado, cuando por fin el Huila ocupa el primer lugar en la producción tanto en cantidad como en calidad a nivel Nacional, gracias al buen manejo del gremio, el apoyo de lo público, y el buen juicio y trabajo de nuestros campesinos, los precios del café están cada vez más bajos, poniendo en riesgo la economía de las 83.000 familias que hoy en el Huila viven del Café así como de los mercados locales y las dinámicas económicas, que se mueven al vaivén de las cosechas de los 35 municipios cafeteros. (excepto Villa Vieja y Yaguará).
Y de otro, el tema ambiental, de especial relevancia, porque al aumentar la producción cafetera, aumenta la contaminación de las fuentes hídricas de cientos de pequeñas quebradas y ríos, que reciben las aguas mieles del proceso de beneficio, así como la enorme cantidad de residuos que genera el beneficio del grano y que hoy no se utilizan.
Esta encrucijada no es de menor calibre; debemos tomar medidas claras y contundentes, trabajar fuertemente en temas de asociatividad, en agregar valor a los procesos de nuestros cafeteros y en dar inicio de manera rápida a la renovación ya no de los cafetales, sino de la infraestructura de beneficio del café.
No podemos continuar contando el cuento de los cangrejos paisas y los cangrejos opitas, para hablar de nuestra falta de capacidad de trabajo en equipo y falta de solidaridad, el mismo gremio a demostrado que es en equipo que se logran los cambios, pero debemos profundizar ahora sí en grupos asociativos que unan esfuerzos para el proceso de beneficio y comercialización, evitando con ello que el campesino en su afán por vender, llega con el grano en rojo o húmedo perdiendo capacidad de negociación y disminuyendo aún más su valor.
Estos grupos asociativos una vez creados y fortalecidos se pueden apoyar a través de centrales de acopio y beneficio del grano, que unifiquen y generen procesos de estandarización de beneficio, para alcanzar mejores calidades, y de paso focalizar tanto el problema de aguas mieles como de manejo de residuos, generando nuevos procesos para obtener subproductos (humus, vino, dulces, compost, etc) de estos materiales que le permitan al cafetero obtener mayores dividendos de sus procesos de producción.
Y finalmente, debemos propender por pasar de las economías de primer nivel, que se centran en la venta de materias primas en este caso el grano de café, a una economía de mayor nivel, con valores agregados como secado, trilla, tostado y por que no, molido, para que el mayor valor beneficie por fin a quienes ponen el sudor, el alma y su vida, NUESTROS CAMPESINOS.
Tomándonos un tinto con líderes cafeteros de La Plata, comentaban su gran preocupación, pues a pesar del esfuerzo que realizan, del trabajo honesto, comprometido, jornadas de trabajo de sol a sol, no ven un panorama claro ni para su labor, ni para su sector.
El día de ayer, se realizó el lanzamiento del convenio firmado entre la Gobernación del Huila y el Comité de Cafeteros, proyecto liderado desde la dirección de planeación departamental, con el apoyo de la secretaria de agricultura, por un valor de ocho mil quinientos millones de pesos ($8.500.000.000) para apoyar a 25.400 pequeños productores en la renovación y/o reconversión de nueve mil hectáreas de cafetales, proyecto que incluye la siembre de 4000 hectáreas de maíz o frijol, para garantizar la seguridad alimentaria de los productores que deben soquear sus cafetales, la asistencia técnica y el acompañamiento del proceso por parte del Comité.
Pese a los esfuerzos de nuestros campesinos, la dirigencia cafetera, así como de la Gobernación del Departamento y la Asamblea, quienes aprobaron una política cafetera que pretende apoyar por los próximos 5 años los programas de renovación de los cafetales; el sector se encuentra hoy en una encrucijada.
De un lado, cuando por fin el Huila ocupa el primer lugar en la producción tanto en cantidad como en calidad a nivel Nacional, gracias al buen manejo del gremio, el apoyo de lo público, y el buen juicio y trabajo de nuestros campesinos, los precios del café están cada vez más bajos, poniendo en riesgo la economía de las 83.000 familias que hoy en el Huila viven del Café así como de los mercados locales y las dinámicas económicas, que se mueven al vaivén de las cosechas de los 35 municipios cafeteros. (excepto Villa Vieja y Yaguará).
Y de otro, el tema ambiental, de especial relevancia, porque al aumentar la producción cafetera, aumenta la contaminación de las fuentes hídricas de cientos de pequeñas quebradas y ríos, que reciben las aguas mieles del proceso de beneficio, así como la enorme cantidad de residuos que genera el beneficio del grano y que hoy no se utilizan.
Esta encrucijada no es de menor calibre; debemos tomar medidas claras y contundentes, trabajar fuertemente en temas de asociatividad, en agregar valor a los procesos de nuestros cafeteros y en dar inicio de manera rápida a la renovación ya no de los cafetales, sino de la infraestructura de beneficio del café.
No podemos continuar contando el cuento de los cangrejos paisas y los cangrejos opitas, para hablar de nuestra falta de capacidad de trabajo en equipo y falta de solidaridad, el mismo gremio a demostrado que es en equipo que se logran los cambios, pero debemos profundizar ahora sí en grupos asociativos que unan esfuerzos para el proceso de beneficio y comercialización, evitando con ello que el campesino en su afán por vender, llega con el grano en rojo o húmedo perdiendo capacidad de negociación y disminuyendo aún más su valor.
Estos grupos asociativos una vez creados y fortalecidos se pueden apoyar a través de centrales de acopio y beneficio del grano, que unifiquen y generen procesos de estandarización de beneficio, para alcanzar mejores calidades, y de paso focalizar tanto el problema de aguas mieles como de manejo de residuos, generando nuevos procesos para obtener subproductos (humus, vino, dulces, compost, etc) de estos materiales que le permitan al cafetero obtener mayores dividendos de sus procesos de producción.
Y finalmente, debemos propender por pasar de las economías de primer nivel, que se centran en la venta de materias primas en este caso el grano de café, a una economía de mayor nivel, con valores agregados como secado, trilla, tostado y por que no, molido, para que el mayor valor beneficie por fin a quienes ponen el sudor, el alma y su vida, NUESTROS CAMPESINOS.
