La educación encierra un tesoro
Por: María del Carmen Jiménez
Así tituló el informe a la Unesco la Comisión Internacional de Educación para el siglo XXI. Planteó que frente a los desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para progresar hacia ideales de paz, libertad y justicia social. Invitó a construir un mundo mejor, capaz de respetar los derechos humanos, practicar el entendimiento mutuo y hacer del progreso del conocimiento una herramienta de promoción del género humano, no de discriminación.
Denota que la educación es un clamor de amor por la infancia y la juventud, razón por la cual se debe integrar al sector educativo, la familia, la comunidad y a la nación entera. La educación debe hacer fructificar todos los talentos de las personas, desarrollar las capacidades de creación y contribuir con el proyecto de vida y desarrollo personal de cada uno. Para lograrlo según Delors hay que superar tensiones propias de este siglo tales como:
- Tensión entre lo mundial y lo local. Podemos convertirnos en ciudadanos del mundo sin perder nuestras raíces, participando activamente en la vida de la nación.
- Tensión entre tradición y modernidad que posibilite adaptarse sin negarse así mismo, edificando nuestra autonomía en dialéctica con la libertad y evolución de los demás, implica dominar el progreso científico y las nuevas tecnologías
- Tensión entre la competencia y la preocupación por la igualdad de oportunidades.
La comisión en referencia insiste en cuatro pilares como las bases de la educación: aprender a vivir juntos, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a ser. Esto nos convida a revalorizar los aspectos éticos y culturales de la educación para comprendernos a nosotros mismos y a los demás, nos invita a apropiarnos de los avances científicos del conocimiento universal sin olvidar nuestro contexto, a entender que se aprende durante toda la vida, a desarrollar las potencialidades e inteligencias múltiples y los talentos de las personas para adquirir competencias que le permitan hacer frente a numerosas situaciones y también, que facilite el trabajo en equipo. Pero lo más significativo formar para que sean seres humanos autónomos, con capacidad de juicio, responsables de su destino personal, y solidarios con la realización del destino colectivo.
Las políticas educativas en nuestro país están lejos de asumir estos pilares. Se retoman como simples enunciados. Hay ausencia de una política de estado en educación. El Ministerio de Educación transfiere modelos educativos de corte instruccionista, sin ninguna contextualización. La calidad de la educación sigue siendo una metáfora porque se privilegia la cobertura en condiciones indignas para estudiantes y maestros. En las reformas educativas ha estado ausente la calidad, así como la participación activa del cuerpo docente y la atención social, cultural y material de los educadores. Así ninguna reforma da resultados.