La democracia incumplida
Por: María del Carmen Jiménez
La democracia incumplida e inaccesible genera riesgos y muchas tensiones. La ambición de poder, el interés de homogenizarlo todo, la violación sistemática de los derechos humanos, la disociación de la vida con el conocimiento, el deseo de dominar el mundo, la vida y no el de servirla están llevando a desastres que amenazan a la humanidad y al lugar que la habita: la tierra. En el seno de nuestras democracias prevalecen las formas de poder personal y no los derechos de ciudadanos y ciudadanas. Muchos partidos de gobierno están en jaque porque no representan los intereses de la sociedad, sino los propios.
Estamos viviendo un problema de la democracia incumplida no solo en el contexto latinoamericano, sino en todo el mundo, con problemáticas asociadas al modelo de desarrollo inhumano que se implementa, a la gobernabilidad, la estabilidad. Los ciudadanos se sienten defraudados respecto a las prácticas democráticas que existen combinados con los altos niveles de desigualdad social y exclusión.
El desencanto es un hecho en nuestros territorios. Se inscribe en una historia de promesas y acuerdos incumplidos, e ideales traicionados. Existen causas estructurales en la desafección. La democracia ha sido utilizada por líderes sin escrúpulos que promueven ilusiones políticas que no cumplen, algunos para llegar al poder se basan en creaciones falsas de enemigos para permear los miedos y las emociones de electores, para justificar sus políticas de odio con el señuelo de seguridad. Promueven en el discurso el criterio de igualdad en la toma de decisiones, cuando el sistema económico y político que aúpan está produciendo extrema desigualdad e invisibilización de las demandas ciudadanas.
Nuestros países reclaman el progreso democrático, que implica complejizar la democracia mediante la multiplicación de los registros de expresión de la voluntad popular, la ampliación de los términos de representación y el establecimiento de formas plurales de gobierno.
Frente a este panorama, en la actualidad se percibe el despertar de la conciencia de la “multitud,” como la denomina Antonio Negri, que resiste frente a tanta adversidad, e incita a profundizar la democracia, a promover transformaciones tendientes a dignificar a las personas, a cuidar, preservar nuestro planeta y a humanizar el mundo.
La multitud según el precitado autor es un agente social activo, es una multiplicidad actuante que a diferencia de las masas, está organizada, no acepta la dominación, ni las injusticias, se resiste a la enajenación de la potencia productiva. Es una nueva construcción social, es multiplicidad de energías atravesadas por potencias intelectuales y materiales de razón y de afectos. “Las multitudes son cybercuerpos que se mueven libremente, producen nuevas formas de vida, nuevos lenguajes nuevos poderes intelectuales y éticos”. Propugnan por poderes abiertos a la cooperación, a la comunicación, a la creación, plantean formas diversas de libertad colectiva.
Esa multitud es expresiva y propositiva. En contraposición a la actitud soberbia y autista de gobiernos como el nuestro.
