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Opinión/ Creado el: 2018-08-01 12:22 - Última actualización: 2018-08-01 12:24

La cultura de la mentira

Escrito por: Froilán Casas
 | agosto 01 de 2018

Hemos llegado al descaro de defender la mentira. La palabra ha perdido total validez: hemos sido tan defraudados en los compromisos, que cada día creemos en nadie.

En el hogar se nos enseña a mentir, incluso se alaba la mentira. Salir de un apuro con una “buena mentira” es causa de aplauso y admiración. El niño empieza a observar que sus padres mienten: la madre se excusa con incapacidad médica acomodada, el papá que miente al negarse a responder ante el que le viene a cobrar; el empleado que busca la “calamidad doméstica” para exonerarse del compromiso laboral, etc.

La mentira aparece a flor de labio para salir de los apuros. Definitivamente este es un país mitómano. El ciudadano que llega a una oficina a solicitar un servicio y lo envían de Herodes a Pilatos y nadie le da una solución. 

El ciudadano poco cree en las instituciones, pues en más de una ocasión ha sido engañado. La palabra antiguamente era una escritura, hoy es letra muerta. Se miente de la manera más olímpica y descarada: hasta nos reímos de las mentiras. El libro Santo nos dice que el demonio es el padre de la mentira. Una persona que miente una vez, no ofrece ninguna credibilidad.

La mentira se torna como un hábito difícil de extirpar. Quienes somos amantes de la verdad, debemos ser cautos para no dejarnos envolver por el charlatán que aparece a la vera del camino. En los negocios sí que aparece la mentira: cuántos productos en la descripción de su contenido no concuerdan con la verdad.

El INVIMA, tiene que estar permanentemente al acecho de tantas mentiras en la descripción de los productos; más grave aún, en los medicamentos. Hay laboratorios que juegan con la salud de la manera más grotesca, para decir lo menos. En el manejo de las pesas y medidas, ¡cómo hay de mentiras!

En muchos productos no se gana, se roba sin ningún escrúpulo. ¿Cómo es posible que se llame cristiana a una persona que vive haciendo todo esto? Son personas de conciencia encallecida, se han acostumbrado tanto a la mentira que han perdido su conciencia moral. Engañar al otro es de las mayores afrentas.

Por favor, al mentiroso no le creamos nunca: el que miente una vez, miente mil veces. El mentiroso no tiene límites. No seamos ingenuos, no le creamos al mentiroso. No sé cuál es más tonto: el que miente o el que le cree al mentiroso.

Si usted fue víctima de un mentiroso la primera vez, tal vez usted es un poco ingenuo; si cae con el mismo la segunda vez, usted es estúpido.

El que se convierte en gusano para qué protesta que le pisen. No basta ser bueno, hay que ser astutamente bueno.

Pero tenga en cuenta lo siguiente: más fácilmente cae un mentiroso que un cojo. El mundo está lleno de engaños: “Sé cauto en tus negocios, el mundo está lleno de engaños. … Sé sincero contigo mismo, en especial no finjas el afecto, y no seas cínico en el amor”

Desiderata. Sólo es confiable una persona que dice la verdad.


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