La crisis económica, verdad de Perogrullo
Obispo de Neiva
Es evidente la terrible crisis económica que estamos viviendo todos los habitantes del planeta. No necesitamos ser egresados de Harvard, Oxford, Yale o Stanford para ver el bajón total de los indicadores económicos, nunca imaginables: deflación impredecible, tasa de desempleo por las nubes, etc.
La crisis bursátil del 29 es nada comparable con la crisis que padecemos hoy. ¡Cuán frágil es el hombre, cuán frágil es la economía! Los magos y gurús de la economía no previeron la realidad que padecemos. Los modelos económicos tendrán que revaluarse, las políticas sociales tendrán que reenfocarse. La salida es reactivar la economía. ¿Cuál es el secreto de la prosperidad económica? Muy sencillo, el trabajo productivo.
Las políticas sociales de nuestros gobiernos han sido nefastas. ¡Qué sofisma de distracción! Combatiendo la pobreza, nunca salimos de ella. “Algo hicimos mal”, decía Oscar Arias en el Encuentro de Las Américas en Trinidad Tobago, 2007, refiriéndose al atraso de los pueblos ubicados al Sur del Río Grande. ¿Cuál fue el secreto que jugó la Europa de la postguerra para que en menos de dos décadas lograr los resultados que tuvo? Sencillamente, el trabajo productivo. La pereza y holgazanería solo generan miseria. Pero, ¡ojo!, sin ética no hay desarrollo.
Singapur, Corea del Sur y Japón son modelo de países prósperos, ¿por qué? Porque allí se trabaja y tienen un alto sentido ético. Pero aquí con una parranda de holgazanes y corruptos, ¿cuándo saldremos de la pobreza? Mientras el vivo viva del bobo, nunca saldremos del subdesarrollo.
Las políticas sociales de los diferentes gobiernos, en nuestro caso, han favorecido al pereza con la cascada de subsidios a la mendicidad y a eso se agrega la corrupción; esta es una bomba que genera miseria.
El gobierno, aprovechando las facultades que nos da la Carta, al decretar la Emergencia Sanitaria, deberá seguir implementando el apoyo al pequeño, mediano y gran productor. La economía se reactiva impulsando la productividad en una política de libre mercado con sentido social. No necesitamos una dictadura así sea del proletariado para imponer la justicia. La justicia que es la antesala de la paz, la da el trabajo productivo teniendo en cuenta que sobre la propiedad privada pesa una hipoteca social.
Los países que perdieron la guerra: Alemania, Japón, Italia, invadieron el mercado mundial en término de dos décadas; de las cenizas salieron grandes empresas. No fue con políticas asistencialistas que salieron de la crisis, fue con el estímulo al trabajo productivo.
Hay que asesorar al piscicultor para que produzca más pescado, genere más empleo, dé más impuestos y no dar pescado para mantener una cantidad de zánganos y resentidos sociales que solo exigen y no aportan nada. Los niños malcriados solo piden, nunca ofrecen.
Estamos cansados con el trillado discurso de una izquierda resentida que solo ve problemas y no da soluciones.
Los países perdedores salieron del atraso y la miseria en que los dejó la guerra, con una economía de libre mercado, pero a la par, con un alto sentido social: salud, educación, vías, trabajo, vivienda, etc., satisfaciendo las necesidades básicas, totalmente garantizados. Un Estado benefactor es generador de miseria.
