La cortesía es rentable
Increíble, en muchos aspectos de la vida ha habido evolución cultural, en otros, por el contrario, ha habido involución cultural. Los buenos modales son recetas del pasado. La escuela no forma, instruye; la familia no educa, malcría a los hijos en un libertinaje desastroso; el hogar en muchos ambientes sociales, no existe; los niños se van criando silvestremente, es la ley de la jungla; la lectura de la Constitución, cada día, en términos de familia, se lee, en favor del tan cacareado “libre desarrollo de la persona”, en clave de echar al piso los valores tradicionales: derecho al aborto, derecho a escoger el sexo, derecho a la adopción de hijos en parejas homosexuales, cambiar de sexo se ve como un acto heroico, entonces, ¿en qué quedamos? Quienes seguimos defendiendo la familia natural: varón-mujer e hijos, se nos ve con actitud sospechosa y por qué no decirlo, como especímenes raros que estamos llamados a recoger. Aparecen nuevos mesías que ofreciendo el oro y el moro, reforman la Carta de la noche a la maña. En las verdaderas democracias la reforma a la Norma de Normas es producto de largos devaneos académicos, políticos, sociales, culturales; ahora aquí se pretende elaborar una nueva Constitución al tamaño y proporción de quien la propone: en este caso, quien la propone la dispone. ¡Adios democracia! Con los nuevos enfoques ideológicos, los padres, formadores naturales de la familia, son suplantados por el Estado omnímodo y omnipresente, en donde un nuevo totalitarismo, absorbe y suprime toda patria potestad. Es en el hogar en donde se enseñan los buenos modales. En algún otro artículo afirmaba que la cultura no se aprende, se mama. Cada quien es hijo de su entorno familiar. Cuando los padres por su permisividad o por la absoluta ausencia de su papel, descuidan y olvidan la familia; otros entes entran al ámbito del sacrosanto hogar a ocupar esos espacios. Vean estas píldoras: háblele a la personas amablemente; no hay nada tan agradable como una frase alegre al saludar. Sonría a la gente, se necesita la acción de 225 músculos para fruncir el ceño y solo 15 para sonreír. Llame a las personas por su nombre; la música más agradable para el oído del cualquiera, es el sonido de su propio nombre. Sea amigable y cortés; si desea tener amigos, sea agradable. Dele importancia al tema del otro antes que al suyo, esté más interesado en escuchar que en exponer su propio pensamiento. Sea generoso para resaltar las buenas cualidades, sea cuidadoso al criticar. Uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. No olvide decir siempre: gracias, por favor. No sea imperativo. Sea firme, no altivo en sus planteamientos. Lo cortés no quita lo valiente. Evite las discusiones políticas o religiosas, cada uno tiene sus propias convicciones. No hable de sus hazañas o triunfos, otros hablarán de ellos. Las personas que a toda hora tienen el yo a flor de labio, no ofrecen credibilidad. Ordinariamente, cuando hay mucho ruido, hay pocas nueces. Esté dispuesto a prestar servicio; lo que más cuenta en la vida, es lo que hacemos por los demás.
