La Corte en el lugar equivocado
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
Si la Corte asesinada por el narcotráfico en contubernio con el M-19, como la corte maestra, porque estaba integrada por verdaderos maestros del derecho; juristas de verdad, sabios de verdad, la actual Corte vive y pasara a la historia como la corrupta de esta historia; pareciera que con el sacrificio de los magistrados asesinados existiera una maldición sobre la justicia, maldición parida desde las entrañas de la constitución del 91.
Iluso creer que la paz se construye con la firma del “mejor acuerdo posible”, cuando los momentos de la justicia colombiana son los más desgraciados y despreciables, por la negación de lo que significa la diosa Temis, vemos la tragedia de que quienes administran justicia, retiraron de su rostro la venda que significa que debe aplicarse sin miramiento alguno, distribuir equitativamente lo que le corresponde a cada uno.
Esa la razón de la existencia de la balanza en sus manos, la razón de dar a cada uno lo suyo; y en forma equitativa; hoy nada de eso existe.
Lo mas desgraciado de toda esta tragedia, es que a las instituciones colombianas no les interesa salir de este mar de corrupción, de esta situación de asco, de putrefacción judicial, pese a la existencia al interior de la rama de jueces inequívocamente honestos, pero pese a esa lucha interior, desesperada en ciertos momentos, siguen existiendo esas manzanas podridas que como en otras instancias destruyen a la sociedad, como en efecto sucede.
Dedicarse con sevicia, a perseguir a un ciudadano como Uribe, indistintamente que sea él, a cualquier ciudadano como efectivamente los hay, mantenerlos sub judice, entre líneas, en el filo de la navaja del código penal, perseguirlos inmisericordemente sin saciarse, no sabemos hasta cuando, llegando hasta utilizar medios irracionales, detestados por la jurisprudencia nacional e internacional como son los anónimos, sin acompañar elemento probatorio alguno, que genere la posibilidad del inicio de investigación alguna.
Negar el derecho solo con el fin de hacer daño deliberado o no, pero hacerlo, no solamente es el acto mas inhumano posible, someter a una persona a una desgracia personal, familiar y social, donde sus autores, merecen el mayor desprecio posible de toda una sociedad, precisamente por ser jueces despreciables.
El desprecio es para despreciables; esa es la justicia colombiana. Las mal llamadas altas cortes, son ante tanta evidencia, una guarida de delincuentes, donde fabrican delitos para terminar de destruir a la sociedad, que exige el respeto a esa confianza legitima, y a esa obligación inquebrantable de dar a cada uno lo suyo.
