jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-04-15 06:03

La cárcel de Rivera

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | abril 15 de 2020

En el vecino municipio de Rivera, tiempo después de la desaparición del famoso panóptico de Neiva ubicado en lo que hoy viene siendo el Centro de convenciones Jose Eustacio Rivera, se encuentra la cárcel que cumple como centro de detención para los procesados en la jurisdicción del circuito judicial de la capital huilense.

Nadie esperaría que una cárcel sea vista como un ejemplo de belleza arquitectónica, y ciertamente esta cárcel no lo es, pero quienes han tenido la oportunidad de estar en ella, así sea de visitante saben que dentro de ella se vive en las más precarias condiciones.

Estar privado de la libertad, no es bajo ninguna circunstancia tener que soportar condiciones que en muchos casos parecen infrahumanas. Con el reto que vivimos en la actualidad, de permanecer en casa y salir sólo por cuestiones de extrema necesidad, nos hemos dado cuenta que el confinamiento dentro de cierto rango de comodidades, sigue siendo confinamiento y por lo tanto una situación que después de un tiempo termina siendo desagradable.

Podrán ustedes imaginarse entonces lo que es vivir en un centro de reclusión de esta índole. Y si afortunadamente no alcanzan a tener la noción de lo que es vivir entre los barrotes de este centro penitenciario aquí va sólo lo que algún visitante alcanza a percibir

Una cárcel que alberga hombres y mujeres separados por patios, los hombres son la mayor población carcelaria llegando a ser aproximadamente dos mil internos en 5 patios dos de los cuales utilizados para albergar profesionales y personas sin mayores antecedentes. Celdas compartidas por 4, 6 o hasta mas reclusos. En los patios restantes, llamadas coloquialmente como las perreras, se encuentran internos de una peligrosidad mayor, con antecedentes, adicciones e incluso problemas mentales severos, allí no existen celdas y duermen sobre planchas de cemento que como podrán imaginarse en el transcurso del día pueden llegar a tener temperaturas sofocantes.

Las mujeres están confinadas a un solo patio, más de 200 reclusas para unas instalaciones pensadas para 80, aquí no hay separación por profesión o gravedad del delito, cuentan con un pequeño campo deportivo y unas salas para lectura, u otra actividades.

Tanto hombres como mujeres son levantados y formados a primeras horas de la mañana, y de nuevo ingresados a sus celdas alrededor de las 4 de la tarde. Las comidas se dan a horas atípicas de las acostumbradas y claramente el menú, cómo muchos esperarían no es el más agradable.

Fuera de ello, lo más grave es el constante problema de abastecimiento de agua potable y el brote esporádico de enfermedades como la tuberculosis.

Por todo ello, no sorprenden en lo absoluto, las protestas que se han venido dando en dicho establecimiento carcelario producto de la crisis pandémica que vivimos y que con toda razón preocupa a una población carcelaria hacinada y sin soluciones prontas a su difícil situación que sobrepasa el coronavirus. Cuando esta crisis pase, los que seguirán en ella, será esta población olvidada.