martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-12-20 02:05

La alegría de la navidad

Escrito por: Froilán Casas
 | diciembre 20 de 2017

La fiesta de la navidad nace en el contexto del culto que los romanos le daban al Sol, como el astro rey. La ubicación geográfica de Roma, hemisferio Norte, permite que el movimiento de traslación que la Tierra hace alrededor del Sol, en forma elíptica en un tiempo de 365 días, seis horas se dé el fenómeno de las estaciones. Pues bien, el solsticio de invierno -pareciera que el Sol se parara- ; dentro de la ubicación geográfica de Roma, el día más corto y, por ende, la noche más larga es el 24 – 25 de diciembre. La noche del 24 de diciembre es la noche más larga del año. De modo que el día “nace” en la mañana del 25 de diciembre. Ese día lo llamaron los romanos: “Natalis solis invicti” o, día del nacimiento del Sol Invicto. Los cristianos para contrarrestar el culto pagano, pusieron en la misma fecha la fiesta del nacimiento de Cristo. ¿Cristo nació? No cabe duda que sí. ¿Cuándo exactamente? No lo sabemos; al autor sagrado no le interesó dar esa fecha. Los relatos del nacimiento del Salvador del mundo no registran fecha exactamente. El nacimiento de Cristo, se presenta en Belén por la época en que el emperador Augusto ordena un censo en todo su imperio. María y José, oriundos de esa zona de Judea, se trasladan a esa localidad para cumplir con la orden imperial del empadronamiento. De modo que la fecha exacta del nacimiento del Señor Jesús, la ignoramos; sin embargo, él nació. Los detalles de su nacimiento son narrados por los evangelistas, de modo preponderante San Lucas. El marco de su nacimiento está centrado en la sencillez y la simplicidad de un hogar que lo tiene todo: EL AMOR. Los primeros en recibir la noticia, no fueron los grandes de este mundo, ocupados en sus negocios y diversiones materialistas. Quienes tuvieron la dicha del gozo del natalicio de Jesús, fueron unos jóvenes pastores de rebaños, que vivían en la alegría de un trabajo honesto, marcado por el gozo del servicio. La ciudad de Belén estaba llena de gente y entonces “no hubo sitio en la posada”. ¡Qué ironía! El dueño del mundo no encontró un lugar para nacer en la ciudad de los hombres. El ruido de la ciudad no fue el hábitat propio para que naciera el Salvador de la humanidad. Hoy pareciera que se repitiese la historia. El hombre de la ciudad secular, no tiene espacio para Dios. En muchos ambientes, las preocupaciones por los negocios, la política, los ideales de grandeza y el ser hombres triunfadores, no dan lugar a Dios. ¡Pobre hombre tan grande y tan pequeño! ¿Qué es esta vida comparada con la eternidad? La sencillez del pesebre es un desafío a las grandezas humanas marcadas por la ambición y la avaricia. La verdadera alegría está marcada por la sencillez y la vida simple. Jesús no nace en un hogar descompuesto, en donde se abandona a los niños, en donde se mata a los niños en el vientre materno, en donde el odio, y el egoísmo  campean en el corazón de los hombres.

+ Froilán, obispo de Neiva


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