La agenda ambiental Departamental
En medio de tantos temas importantes a veces es difícil elegir. Tal discernimiento es causado principalmente por la avalancha de noticias, sucesos y acontecimientos de toda índole que ocurren tanto en Colombia como en el mundo, y por ello es necesario volver a ocuparnos de las realidades parroquiales que son determinantes en nuestro entorno.
Sin embargo, éstas no deben ser las relacionadas con el desorden social o la corrupción o la chismografía política que tanto gustan en muchos sectores de la población. Por el contrario, son las realidades verdaderamente trascendentes que por desgracia muy pocas se comentan en nuestro solar nativo.
Esta introducción me conduce a la invitación que por la red social de Facebook conocí recientemente, dirigida a los ciudadanos que quisieran concurrir a la “ CONSTRUCCIÓN Y CONCERTACIÓN DE LA AGENDA AMBIENTAL DEPARTAMENTAL”; evento promovido por la gobernación a realizarse el miércoles anterior, difundida por el Asesor de asuntos ambientales, el colega Javier Roa.
La primera reacción que me causó el conocer del evento fue de sorpresa, dado que me parece inaudito el que solamente hasta ahora, en pleno 2018, se esté trabajando en una hoja de ruta que permita conocer y evaluar de manera estructurada, la riqueza ecosistémica del departamento, sus fortalezas y especialmente sus debilidades, que son muchas, frente a la inevitable presencia del llamado “ cambio climático “, dramática realidad que ya todos estamos padeciendo.
Pero la sorpresa fue mayor porque siempre imaginé que la Corporación Ambiental CAM cuya existencia data ya de hace más de 25 años, la tendría estructurada y la estuviese actualizando de manera permanente; pues la dinámica ambiental ha sido vertiginosa y sobre todo cambiante.
Pero después también pensé que su estructuración tenía como soporte ineludible la actualización de las Agendas municipales, por la elemental razón de que una planificación del desarrollo de la política pública ambiental del departamento debe tener su fundamento lógico en las realidades ambientales de cada territorio municipal. Ha sido entonces mayor la sorpresa de saber que no tenemos Agendas Ambientales municipales, según manifestación que hiciera al respecto el mencionado asesor.
Profundizando un poco más en el asunto, considero necesario invitar a la reflexión sobre ciertas y especiales realidades que muchos han señalado como de gran significado. La principal de todas, es que nuestro estrecho valle del Magdalena tiene enormes riquezas que lo circundan por buena parte de su geografía. El Macizo colombiano; los nevados de Puracé y del Huila ; el desierto de la Tatacoa; y las bellas y extensas sabanas existentes en el filo de la cordillera oriental que tienen gran valor de oferta ambiental, especialmente del recurso hídrico.
Nadie desconoce hoy que sin recursos naturales sostenibles es imposible el desarrollo económico y social. El ordenamiento del territorio y adecuado uso del suelo es sin duda la primera prioridad. Nuestro valle es frágil por la sencilla razón de que es estrecho y por estar formado entre las dos cordilleras, las laderas son susceptibles a los deslizamientos y remociones en masa, con la inevitable consecuencia de pérdida de suelo fértil y amenaza de desastres naturales. El evidente cambio climático nos lo está señalando con persistencia.
El tema de la política pública ambiental es de suma urgencia en nuestro territorio. Su complejidad no permite abordarlo con suficiente amplitud en una columna de opinión. Bastaría por ahora con exigir que los candidatos a todos los cargos de elección popular que ya se asoman en el escenario, especialmente de gobernación y alcaldías; deben asumir la responsabilidad inevitable de conocer éstos temas y colocarlos como la gran primera prioridad de sus agendas de gobierno, pues como dice el conocido refrán popular “ más vale un grito a tiempo que cien vaqueros arriando”.
