La Agenda 21
Mediante Resolución 44-228 de diciembre 22 de 1989, la Asamblea General de la ONU aprobó que se organizara la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Se acogían así las conclusiones de la Comisión Brundtlandt cuyas bitácoras se publicaron en 1987 por la Universidad de Oxford; esta acuñó la noción de desarrollo sostenible que la Constitución Política de Colombia acoge como modelo de desarrollo.
Dentro de la Conferencia de Río, se trabajó en construir una agenda de trabajo para los estados en desarrollo, que finalmente se compendió en 21 puntos que serían examinados periódicamente para evaluar avances y aseguraran un crecimiento en sus economías pero sin menoscabar los recursos naturales que se utilizan.
Al ejecutar las tareas de programas pertinentes determinadas en el Programa o Agenda 21, se debería prestar atención especial a las circunstancias particulares que enfrentan las economías en transición. Igual se debe reconocer que esos países afrontan dificultades sin precedentes para la transformación de sus economías, en algunos casos en medio de apreciables tensiones sociales y políticas que incluso se ven agravadas porque abundan los recursos naturales pero escasean los de capital.
Vale la pena recordar parte del preámbulo de dicha Agenda: “La humanidad se encuentra en un momento decisivo de la historia. Nos enfrentamos con la perpetuación de las disparidades entre las naciones y dentro de las naciones, con el agravamiento de la pobreza, el hambre, las enfermedades y el analfabetismo y con el continuo empeoramiento de los ecosistemas de los que depende nuestro bienestar (importante el relieve al desarrollo humano). No obstante, si se integran las preocupaciones relativas al medio ambiente y al desarrollo y si se les presta más atención, se podrán satisfacer las necesidades básicas, elevar el nivel de vida de todos, conseguir una mejor protección y gestión de los ecosistemas y lograr un futuro más seguro y más próspero. Ninguna Nación puede alcanzar estos objetivos por sí sola, pero todos juntos podemos hacerlo en una asociación mundial para un desarrollo sostenible”.
La Agenda 21 refleja un consenso mundial y un compromiso político al nivel más alto sobre el desarrollo y la cooperación en la esfera del ambiente natural. Su ejecución con éxito incumbe, ante todo y sobre todo, a los gobiernos de los países más desarrollados y a la ONU que a través de su programa PNUD hace el seguimiento e incluso apoya la transferencia de tecnología. Colombia debe proponerse cumplir con la mayor parte de los puntos de la Agenda, pero más importante, valerse de ella para conseguir recursos financieros y tecnológicos. Es asegurar nuestro futuro.
