Justicia para Salomé
La sociedad colombiana está muy sorprendida por el crecimiento número de casos de violaciones menores de edad, sin que exista una respuesta institucional eficaz para frenar estos abominables hechos delictivos, que le destruyen tempranamente la inocencia de estos seres humanos, que todavía no han salido del juego de las muñecas en sus hogares. Cuando no salíamos del asombro de los hechos dolorosos ocurridos en el corregimiento de Santa Cecilia en el municipio de Pueblo Rico (Risaralda), donde una niña de 12 años del pueblo indígena Embera, fue violada salvajemente por soldados pertenecientes al Batallón San Mateo, adscrito a la Brigada 8 del Ejército Nacional, ocurre otro hecho en el municipio de Garzón.
Se nos agotan los adjetivos para describir lo ocurrido. En medio de dolor de sus padres, su familia y del pueblo de Garzón, que en pleno acompañó las honras fúnebres de manera presencial o virtual, por las redes sociales, se cumplió ayer domingo el entierro de Salomé, la niña víctima mortal del infame depredador sexual, que tras violarla ocasionó su muerte, en hechos ocurridos el pasado 29 de junio en la vereda Puerto Alegría de la capital Diocesana.
Nuestro corresponsal en Garzón, Guillermo León Sambony narró detalladamente los acontecimientos sobre el desarrollo de los funerales de esta niña que fue salvajemente violada sexualmente y asesinada por el depravado salvaje, Sebastián Mieles Betín de 27 años, oriundo de Barranquilla, trabajador del Consorcio Vías para el Huila, que desarrolla las obras de pavimentación de la vía Garzón-Puerto Alegría.
Se espera que haya respuesta pronta sobre este abuso u y una acción eficaz y contundente de la justicia, para castigar severamente este crimen abominable.
Hay quienes aseguran que los aumentos en las cifras tienen que ver con que han crecido las denuncias y ha ido cediendo la cultura del silencio, pero la verdad es que, el crecimiento del número de depredadores se encuentra relacionado con las nuevas tecnologías que escapan a la supervisión de los padres: está probado que los depredadores se valen de las redes sociales y de otros mecanismos para emprender sus horrendas cacerías.
Tendría que ser una obviedad a estas alturas que dejar a los menores de edad solos en las redes es lo mismo que dejarlos solos en las calles, sin Dios ni ley. Pero también es hora de enfrentar con el corazón en la mano una de las verdades más duras de nuestra sociedad: que, en casi la mitad de los casos de violencia sexual, se descubrió que el verdugo formaba parte de la familia de la víctima o una persona del entorno donde vivía. La justicia pronta, la prevención institucional en salud y la educación, tienen que ser freno frente a este drama.
