Justicia Especial para la Paz, ¿En discusión?
La Justicia Especial para la Paz producto de los Acuerdos de Paz, ahora llevada al Congreso de la República ha puesto en cuestión a algunos partidos políticos que tienen asiento en este escenario de la vida política. Deja un mal sabor a la opinión pública, que para hacer la guerra hubo consenso y unanimidad en las esferas del Gobierno y el Estado, pero para hacer la paz, resultan todo tipo de objeciones y trabas para consolidar un proceso que reclama el país. Los primeros cuestionamientos vinieron desde cuando se definieron en los Acuerdos los fines y los alcances de la JEP, al pretender que este organismo fuera un tribunal unilateral, es decir, de vencedores sobre vencidos al estilo de los tribunales de Núremberg durante la segunda guerra mundial. En el caso colombiano así algunos traten de acuñar esta tesis, no fue nuestra realidad. Aquí lo que hubo fue un Acuerdo para evitar profundizar la violencia y evitar el desangre del país. Además el argumento que siempre se esgrimió fue que para alcanzar la paz, era necesario que las victimas de todos los actores fueran reparadas como garantía para conseguir, la verdad, la reparación y la no repetición.
Lo que hoy preocupa del desenlace de la discusión política en el Congreso de la Republica es que los partidos de derecha de este país no acepten y traten de poner obstáculos para la reglamentación de la JEP, así queden en minoría. Los colombianos que apoyaron la paz estamos seguros que Colombia pasará esta página, pero lo más probable es que los partidos que representan las posiciones más derechistas del país, lideradas por el Centro Democrático, Cambio Radical y algunas tendencias del Partido Conservador, terminaran tratando de insistir en que la JEP debe ser un instrumento y mecanismo para ajusticiar a los excombatientes de las FARC, como si la guerra hubiera sido inspirada y promovida por ellos. La verdad sobre las causas, los promotores y los horrores de la guerra debe ser una profunda catarsis para reconciliarnos y encontrar al fin la forma de superar las diferencias por las vías pacíficas, democráticas y legales.
Empezar descalificando la JEP, por la composición de sus miembros, sus perfiles y sus funciones como sesgo para evitar que este organismo comience sus tareas es francamente peligroso para la estabilidad política, económica y social del país. No es nada alentador lo sucedido en Tumaco con la masacre de personas, las muertes de líderes sociales que cada semana se presentan; la criminalización de la protesta social y el asesinato de muchos excombatientes de las FARC. Ese fue el preludio a los incumplimientos de los acuerdos por parte de la derecha colombiana que no aceptó en la realidad los pactos; así los hubiera firmado en el papel con los adversarios. Sucedió con las guerrillas liberales de los años cincuenta, los acuerdos con los M-19 y demás grupos guerrilleros; con las FARC en 1984 cuando surgió la Unión Patriótica, llevada esta al genocidio y exterminio por la derecha de este país.
