jueves, 09 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-04-14 02:00

Justicia cercenada

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | abril 14 de 2018

Quisiéramos entender que nuestra justicia ha renunciado a reconocer sus propios errores, a aceptar su condicionamiento a todas las formas de corrupción, a valorar en gran medida su incapacidad en la investigación y juzgamiento de los delitos que se cometen en nuestro país, hasta el punto de generar y tener como elemento de presentación internacional, el hecho de que solamente un porcentaje cercano al uno por ciento de los delitos que se conocen y se investigan por jueces y fiscales, alcanza a tener una sentencia condenatoria.

 

Esto representa una realidad que debería dolernos, pero de lo cual, nos sentimos orgullosos. Nuestra Justicia es en últimas, un fenómeno que hace parte de ese andamiaje de una política integral, sin política criminal, donde se copia y se busca asemejar todo nuestro esquema judicial a lo que es el manejo de la burocracia tanto en el Congreso de la República como en el Ejecutivo. Instituciones que vienen siendo víctimas de su impotencia, de su ineficacia y de su ineptitud. Así de sencillo. Así de simple. No tenemos Gobierno. No tenemos Justicia. No tenemos un horizonte y un mundo que nos alumbre en el camino hacia la construcción de una sociedad justa e igualitaria.

 

Que podemos esperar de un ente como la Fiscalía General de la

República, que está de espaldas a la realidad criminal, que se vale y se presta para ser vocero de la Justicia Norteamericana, sin que pongamos en duda, la efectividad de aquella, todo a precio de sacrificar nuestras instituciones y de sacrificar los elementos esenciales de nuestra propia racionalidad jurídica, condicionando nuestra capacidad de investigar y de juzgar, a lo que hagan y digan “otros”, “los otros”, como en realidad está sucediendo.

 

El Cartel de la Toga, el caso de Odebrecht, el caso del desfalco del Gobernador de Córdoba, son tres perlas que hoy en día, se complementan con el caso Santrich. Todo ha sido conocido por injerencia de la justicia norteamericana, por delación en ese país, por intervención de espías gringos y hasta por la DEA.

 

Y dónde está la inteligencia colombiana? Y dónde está la capacidad investigativa de nuestros funcionarios judiciales para descubrir y conocer y saber y juzgar todo lo que sucede y se vive en el negocio del narcotráfico, de las bandas criminales, de la corrupción estatal, de la compraventa de armas, de los contratos amañados y de la política nefasta que estamos viviendo en la actual campaña electoral?

 

Sin lugar a dudas estamos fuera del contexto de nuestra propia institucionalidad. Hemos perdido por completo el lindero entre la lógica y la razón. Somos víctimas de nuestra propia incapacidad y ante ello, por el espectáculo que nos montan las autoridades judiciales extranjeras, solamente podemos poner nuestro aparato judicial al servicio de aquellos y hacemos aspavientos, como lo

hace el Fiscal General de la Nación y el señor Sangos, como Presidente de los Colombianos, para presentarse como brillante funcionario a quienes según se dice “no le temblará la mano” para imponer el orden y la ley y castigar a los culpables.

 

Que elemento distractor más grande el que tenemos de presente, cuanto nuestra justicia está de rodillas, ante el coloso del norte y cuando, no puede presentar resultados y no tiene la capacidad de valorar sus propios actos, para presentar pruebas obtenidas en nuestros propios procesos investigativos, para que la ley nuestra, nuestra ley procesal y nuestra ley sustantiva, primen frente a la de los países extranjeros. No olvidemos que la filosofía de la Justicia Norteamericana es la negociación, la conciliación, el pago de los perjuicios, es decir, apropiarse de los recursos de los procesados, primero que todo y que la víctima, el pueblo colombiano, en muchos casos, se quede viendo un chispero.

 

Estamos mal con esta justicia postrada y de rodillas que vive el espectáculo de su propia ignominia. Vivimos una época de JUSTICIA CERCENADA Y MANCILLADA.


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