Opinión/ Creado el: 2017-07-10 02:21 - Última actualización: 2017-07-10 05:08
Juguemos en el bosque
Es un concurso infantil organizado por Jacana Jacana y el Instituto Alexander von Humboldt que consistía en grabar un video cantando o bailando unas canciones inspiradoras sobre el bosque seco tropical, el bosque húmedo o el bosque de manglar (los invito a oírlas en www.jacanajacana.com). Me gusta esta manera de enseñar sobre nuestros ecosistemas; así los niños aprenden a amar su flora y su fauna, el agua y sus bosques, sustento de vida del planeta y de su futuro. Así los defenderán cuando sean adultos.
El concurso se cerró el 30 de junio y mientras muchas familias colombianas enviaban los videos de sus hijos desde ciudades de todo el mundo declarando su amor al bosque, en la misma semana el Director del Instituto de Hidrología y Estudios Ambientales IDEAM presentaba al país el Estudio del Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono con unos resultados tan desalentadores como retadores por la pérdida de más de 178 mil hectáreas de bosque en el 2016 (equivalentes a 243 mil canchas de fútbol). Pongo la equivalencia de las canchas porque no es fácil visualizar miles de hectáreas arrasadas con el único objetivo de sacarle al territorio hasta el último centavo.
Es un reto porque el sistema de monitoreo del IDEAM se ha venido perfeccionando desde el 2013 hasta tal punto que se convirtió en un instrumento básico para tomar acciones que logren detener la destrucción del patrimonio natural del país. Al analizar las causas identificadas de la deforestación en 2016, casi la mitad de las hectáreas fueron para praderización o acaparamiento de tierras, el 22% para cultivos ilícitos y el 8% para ganadería extensiva; adicionalmente otro 8% fue deforestada con incendios provocados, seguramente para destinar esas tierras a las actividades antes mencionadas y a la minería. Es decir, que más del 80% del área deforestada tenía como objetivo ampliar la frontera agropecuaria. La pregunta de fondo es: ¿El país necesita generar más áreas para la agricultura y la ganadería, o esta necesidad se genera entre otras razones por un proceso especulativo -surgido del posconflicto- según el cual las tierras deforestadas o que no sean bosque se convertirán en privadas y se titularán? Si eso es así, apoyo la propuesta de Brigitte Baptiste Directora del Instituto Humboldt, de aplicar una moratoria a tierras deforestadas a partir de un año que podría ser el 2010 para que se prohíba su titulación y se recuperen sus ecosistemas. Como dice Baptiste: “la propiedad no se puede alcanzar con la destrucción ecológica”.
Porque los bosques son nuestro principal recurso para afrontar las consecuencias del cambio climático. Ellos no sólo protegen las fuentes de agua; también absorben CO2, regulan la temperatura, evitan la erosión y las sequías, y son refugio de la fauna y flora responsable de la reforestación y permanencia de los ecosistemas. Sin ellos no podemos subsistir, pero además ellos tienen el mismo derecho que nosotros de vivir en el planeta.
Aunque según el Estudio del IDEAM en el Huila disminuyó la deforestación, la realidad es que fueron arrasadas 173 hectáreas de bosque equivalentes a 231 canchas de futbol. Así que la meta del gobierno departamental de ahora en adelante debe ser reducir a cero la deforestación, e incluso ir más allá recuperando los bosques de sitios estratégicos, corredores biológicos y de protección de las fuentes hídricas. Se debe liderar un programa con los departamentos vecinos para que en los próximos resultados se revierta la tendencia del país. Sólo así podríamos tener el derecho a enarbolar con orgullo ser los habitantes privilegiados del país más biodiverso del planeta. ¡No hay excusas!
Justo antes de enviar la columna, la prensa publicó la noticia con los resultados de la consulta popular en la cual PIJAO, QUINDÍO TAMBIÉN DIJO NO A LA MINERÍA con más del 97% de los votos. La gente defiende los ecosistemas que el Estado no sólo no protege sino que negocia sin poner límites.
