martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-01-16 01:08

Jugando con fuego

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | enero 16 de 2019

Nadie puede negar, que desde la firma del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC las actitudes y el comportamiento de algunos de sus miembros han estado en el reflector de la opinión pública.

Distinto a decir que es una buena persona, la actitud de Rodrigo Londoño, alias TIMOCHENKO ha sido por lo menos afable, conciliadora e incluso persistente en mantener los acuerdos de paz.

Línea que han mantenido otros miembros del antiguo secretariado como Joaquín Gómez, Pablo Catatumbo y Pastor Alape.

Sin embargo la otra cara de la moneda ha estado representada por la figura de tres personajes, uno más oscuro que el otro. Ellos son Ivan Márquez, Jesús Santrich y el macabro y sanguinario Hernán Darío Velásquez Saldarriaga alias “El paisa”.

Desde la captura de Santrich, y el entuerto que esto ha significado para el aparato judicial, las protestas de algunos sectores afines a las FARC no han hecho si no poner en entredicho la posible extradición de Seuxis Paucias (Santrich) como una afrente a la PAZ.

Por supuesto que esto ha sido magnificado por las recientes denuncias en contra del Fiscal General buscando menoscabar las pruebas contundentes que existen en contra del otrora negociador de la Habana, el cuál no sólo seguía delinquiendo si no que buscaba estrechar vínculos con los carteles de droga mexicanos.

A esta novela se le suma la captura y extradición de un familiar de Iván Márquez, quien sin muchos titubeos optó por colaborar con la justicia norteamericana. Fue en ese momento en que Márquez, muy seguramente empezó a sudar frío, y desde entonces ha optado por escabullirse en sus antiguos corredores delincuenciales, aduciendo, como lo dijera en un último video, que haber dejado las armas fue un grave error.

Esta, es sin duda alguna, la salida más decorosa y la que aplauden sectores cercanos al ex grupo terrorista, quienes aprovechan la muerte de líderes comunales con fines eminentemente políticos, ya que cada vez que ocurren estos lamentables hechos, sirven de justificación para no plantar cara y seguir en la clandestinidad.

Clandestinidad que cada vez se parece más a la ilegalidad y que seguirá tomando forma puesto que, como lo establecen los mismos acuerdos, los delitos posteriores, serán juzgados sin prebenda alguna. Esto parece resbalarle al famoso Hernán Velásquez, alias el paisa, un ser que nunca ha visto la paz como un negocio lucrativo, distinto eso sí a lo que el estaba acostumbrado a hacer, es decir,  extorsionar, secuestrar y asesinar.

Prácticas que a día de hoy no sólo están frescas en la memoria de los pobladores de los límites entre Huila y Caquetá, sino que, a la fecha,  están volviendo a experimentar de manera tímida pero persistente.  No es ningún secreto que merodean por ese sector, hombres armados actuando en representación de EL PAISA,   “vacunando” y extorsionando como en los viejos tiempos.

Que esa pantomima creada por Márquez y compañía caiga de una vez por todas, y deje ver lo que en realidad es, un retorno a lo que más les gusta hacer, el mal.

 

 


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