Joaquín Sanabria, el hombre árbol
En el parque principal del Municipio de Zipacón, Cundinamarca, se erige un extraño árbol semejante a una persona que mira al cielo pidiendo perdón. Una leyenda popular que se ha transmitido por tradición oral, cuenta que se trató de un hombre que le fue infiel a su esposa y al ser descubierto por ella, cayó bajo un conjuro y se convirtió en aquél árbol. Pero la historia sobre el personaje que quiero compartir hoy es muy distinta.
En el Municipio de Garzón, en el Centro del Huila, ocurrió una historia real que bien pudiera convertirse en otra leyenda del hombre árbol, pero por sucesos muy distintos y más nobles: Se trata de Joaquín Sanabria, ser humano extraordinario que a lo largo de años se dedicó en forma altruista a sembrar árboles y proteger su familia. Fue tan dedicado a esa labor que llegó a plantar más de cinco mil especímenes.
Joaquín no se convirtió en árbol como en la leyenda de Zipacón pero sí se ganó con creces ese apelativo y ha trascendido en la satisfacción y goce de muchas personas nativas y visitantes por la región, cuando atraviesan el túnel verde, que se convirtió en la antesala del surcolombiano. Y no es gratuito que en el año de 1988, Garzón recibiera la denominación de 'Municipio Verde'; precisamente por su riqueza forestal, la misma que con tanto esfuerzo ayudó a fortalecer este ecólogo por vocación.
A pesar de su edad, en Marzo de 1993 Joaquín Sanabria tomó un par de cosas y se vinculó con un grupo de ambientalistas a integrar la Primera Expedición al Macizo Colombiano o Nudo de Almaguer, acción que tuvo como propósito hacer un llamado al mundo sobre la protección de la producción de agua, la biodiversidad y los ecosistemas.
Sanabria era reconocido en los once municipios que conforman el centro del Huila y era convocado para impulsar constantes campañas de aseo, reciclaje y separación de basuras. Sus herederos continuamente lo ponderan como un conocedor de todas las fuentes hídricas de su municipio. Su voz era firme en la conservación cuando se trataba de hablar del uso eficiente del agua y evitar su desperdicio.
Y como en los sueños bíblicos de José, Joaquín entendió que sembrando árboles era una forma de construir paz y prosperidad en su vida familiar. La acción era un augurio o una profecía de éxito y mejoras en las condiciones de vida de sus coterráneos opitas, de presentes y futuras generaciones.
En reconocimiento a esa decidida labor y legado ambiental, la Corporación Autónoma del Alto Magdalena -CAM-, creó el Concurso ‘José Joaquín Sanabria’, a través del cual desde hace cerca dos décadas se exalta al activista ambiental huilense, que gracias a su gestión y decidido aporte al medio ambiente del departamento, obtuvo grandes logros.
Ojalá que todos nos convirtiéramos en hombres árbol, pero no como el infiel de Zipacón sino como el ambientalista de Garzón, que fue fiel a la vida y la naturaleza seguro de que con su conciencia y acción se estaba beneficiando así mismo, a su familia y a la humanidad entera.
Y no es necesario con plantar miles de árboles como lo hizo Joaquín, basta con no talar, no contaminar o disponer residuos sólidos y líquidos de manera adecuada, nos despilfarrar los recursos naturales, reutilizar o reciclar, evitar el derroche y el consumo excesivo, especialmente de producto altamente nocivos. En resumen, no incurrir en conductas que depredan nuestra casa común: el planeta tierra.
