Iván Duque Márquez
Por Jaime Salazar Díaz
“De hoy en ocho”, como se dice coloquialmente para un evento que debe suceder una semana después de cuando esté escribiendo esta columna, estaremos festejando el triunfo de este nuevo líder político como Presidente de la República. Coherente, constante, talentoso, sin amarguras, forjado en la colombianidad y absolutamente claro en sus propuestas para esta nueva etapa de la sufrida patria. Confieso que para mí, que he trajinado por muchos años la política, muchas veces como espectador y algunas como militante activo del conservatismo, además del ejercicio de mi profesión independiente, Ivan Duque ha sido una sorpresa. Una sorpresa fresca. Un político sin pasado tormentoso que se hizo en el hogar de un dirigente brillante, laborioso y decente, buen estudiante en colegio y universidad colombianas y luego de graduado en derecho, y del necesario y útil entrenamiento nacional e internacional en donde maduró principalmente en los temas económicos y del emprendimiento se lanzó a la aventura política. Tan pronto como ingresó al Senado, hace cuatro años, en la lista cerrada que encabezó el expresidente Uribe, se destacó como un muy buen parlamentario de la oposición cuyos debates buscaban soluciones en vez de recriminaciones y odios y así se hizo acreedor a ser escogido como el mejor senador por todos los compañeros del Senado en mas de una ocasión. Se había forjado así, después de este intenso y en algunos momentos tormentoso ejercicio político, un posible candidato presidencial del Centro Democrático para las elecciones que estamos viviendo. Sin embargo el premio no estaba servido en bandeja, ni en el dedo del expresidente como suelen decir superficialmente y con algo de envidia sus enemigos políticos. Fueron sus mismos compañeros de partido, aspirantes también al premio y por lo tanto contendores, quienes en un proceso que recuerda al de la elección de un Papa en el Conclave Pontificio, después de varias etapas finalmente lo señalaron para que llevara la bandera de su partido en la contienda nacional. Pero faltaba aún un escalón por completar: la consulta en urnas que definiría el abanderado de la coalición de centro derecha. Estaban también Marta Lucía y Ordóñez a la expectativa en esta coalición. El favor de los votantes nuevamente, de manera limpia y democrática, señaló por clara mayoría a Iván Duque. Con un gesto político inteligente escogió como compañera de fórmula, en la Vicepresidencia, a la valiente y ponderada Marta Lucía Ramírez quien aportó el grueso de los votantes conservadores que nunca estuvimos de acuerdo con las deslegitimadas directivas del partido. Este es el hombre que en la elección nacional del 27 de mayo pasado, entre varios, sobrepasó por casi tres millones de votos al segundo, el candidato de la izquierda, Gustavo Petro. Al otro día de esta elección, o de pronto la misma noche, al conocer las rápidas y limpias cifras de la Registraduría, los colombianos ya formaban unas nuevas mayorías alrededor del triunfador. Los perdedores continúan haciendo maromas y escenas teatrales para estirar los votos. Están en su derecho. La esperanza es lo último que se pierde. Y en este caso la perderán el próximo domingo. Quedan otras otras batallas. Las siguientes serán en año y medio para elegir alcaldes y gobernadores. Solo queda decir que como nunca esta ha sido una contienda democrática ejemplar, con la participación de muchas alternativas. Ojalá continuemos así.
