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Opinión/ Creado el: 2018-06-27 01:00 - Última actualización: 2018-06-27 01:01

Ir por lana y salir trasquilado

Escrito por: Carlos Tobar
 | junio 27 de 2018

Por: Carlos Tobar

Si algo tiene desconcertado y rabioso a Donald Trump, flamante presidente de los Estados Unidos de América, es la respuesta a su política proteccionista “America First”-América Primero- de parte de varias empresas supuestamente beneficiarias de la misma. Tal vez, la más paradójica sea la reacción de la emblemática fábrica de motocicletas Harley-Davidson. Ante la fuerte reacción europea por los aranceles que Trump aplicó unilateralmente al acero y el aluminio, que ha decidido castigar en retaliación, entre otros productos de origen norteamericano, la importación de motos de esa marca, la empresa tomó la decisión de trasladar la producción a suelo europeo. Las razones que argumenta son dos fundamentalmente: la necesidad de acceder al acero y el aluminio sin los sobrecostos de los aranceles y, el mayor costo que significaría el pagar aranceles de importación al mercado comunitario. La Unión Europea decidió, el pasado viernes, activar un arancel especial a una lista de productos importados de los Estados Unidos por valor de 3.200 millones de dólares anuales en retaliación a los aranceles al acero y el aluminio. En el caso de las motocicletas el arancel sube del 6% al 31% que, en la práctica, encarece el precio promedio de una Harley-Davidson en 2.200 dólares; una medida que afectaría las ventas de las 40.000 unidades que anualmente vende en Europa, una parte sustancial de sus ventas anuales. Como primero están los intereses de los accionistas que la política comercial internacional de “su gobierno”, la empresa, no obstante, las admoniciones de Trump, anunció que en un lapso de máximo 9 meses, tendrá una factoría en suelo europeo.

En este suceso, saltan a la vista todas las contradicciones insalvables del capitalismo monopolista mundial. Si bien es cierto, para el gobierno norteamericano es importante recuperar fuentes de empleo para sus nacionales estadounidenses, la contradicción entre los intereses del capital y los del trabajo, los resuelve siempre a favor del capital, o como decían Drucker o Friedman, primero los accionistas, segundo los accionistas, tercero los accionistas. O, para ponerlo en palabras de Warren Buffet, inversionista norteamericano, uno de los hombres más ricos del mundo “Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra y la estamos ganando”. Es decir, que si eso significa sacrificar el trabajo de miles de obreros norteamericanos o de trabajadores de cualquier lugar del planeta que así sea. Esta es una contradicción que explica la enorme desigualdad que agobia, cada vez más, al planeta y que pone en riesgo la estabilidad de sociedades enteras como la de los países no solo en desarrollo, sino desarrollados. La elección de Trump, o el Brexit, o inestabilidad italiana, o griega, o española…, son muestras de la insatisfacción de millones de trabajadores que ven un porvenir oscuro para sus familias. Ni hablar de los países en desarrollo que viven fenómenos como la pobreza extrema que, obliga a migrar hacia los países ricos, generando una presión incontenible sobre esas sociedades que, ya están a causa de la desigualdad, divididas en porciones donde los privilegiados y dominantes son cada vez más minoritarios. La turbulencia de la política mundial será la constante de los tiempos que vivimos. Estemos atentos.


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