Intimidación y amarillismo
Luego de una serie de intimidaciones y de parangones innecesarios, los colombianos que tenemos una idiosincrasia particular y que siempre hemos estado alejados de patrocinar los movimientos de legitimación de nuestros derechos, que hemos estado alejados de todos los fenómenos propios de la violencia al convivir con ella y que no tenemos la capacidad de propiciar el arrasamiento total de nuestro patrimonio, como se ha presentado en otros países latinoamericanos, la comunidad internacional ha sido testigo de una normalidad dentro de los limites propios de los actos de protesta universalmente reconocidos y ha visto como dentro de tales formas se ha producido el anunciado paro nacional del 21 de noviembre.
No olvidemos que la corrupción y las formas amañadas del poder, han llegado a tal situación de aletargamiento de las comunidades, a tal grado de magnificencia de ciertos líderes políticos, que hemos perdido por completo la capacidad de valorar y de estimular los cambios que se requieren para desentrañar una filosofía propia de las comunidades y de servicio social, como el que se necesita para soliviar en algo, los problemas y las falencias por las que atraviesan las grandes mayorías de colombianos.
Una democracia de papel, transfigurada por el fenómeno del miedo y del abuso del poder, han terminado por hacer posible lo imposible, por darle frutos a la impunidad, por no perseguir la criminalidad y finalmente por convivir con la corrupción, con la violencia intrafamiliar, por las injusticas, en suma, por la incapacidad de hacer sentir el verdadero trasfondo de la autoridad y por consiguiente de ser permisivos con el delito, con las desigualdades sociales y con la inequidad, que tanto daño nos hace.
Un paro que no pregona reivindicaciones verdaderas, que se escuda en muchas situaciones fantasmales generadas por las conversaciones o las salidas en falso de sus propios dirigentes nacionales, es parte de todo lo que nos ha concentrado en estos días y donde a la hora de la verdad, con augurios de afrentas, de violencia y de terrorismo, nos han hecho temer de lo impredecible, que no es propio de nuestras gentes, y el paro, quiero que se entienda, este paro para éste país, no está llamado a generar espacios para el cambio, no está propiciando resultados y no los ha de mostrar.
Qué hemos de sacar de una lucha por el aumento de inversión en la justicia, cuando no hay justicia y nuestros jueces viven al vaivén de su propio salario, que hemos de reclamar de recursos para la educación, cuando no hay una academia fuerte que direccione los espacios formativos como deben ser, que hemos de esperar por el respeto de las normas laborales o por el mantenimiento de las reglas pensionales, cuando a la hora de la verdad, Justicia, la Educación, los derechos laborales no alcanzan el estatus mínimo requerido para fortalecerse y cuando la evasiva en la prestación del servicio de salud es capaz de generar más de doscientas mil tutelas al año, y los grandes dirigentes de la nación, son los que se están enriqueciendo con sus negocios, en tanto, que la corrupción y el poder político están ajenos a las necesidades primarias del ciudadano colombiano.
Amén de todo lo anterior, se tienen políticas económicas y tributarias que van generando un cáncer social de impredecibles consecuencias, cuando el alza de la gasolina, el abandono de las vías, el incremento del costo de los peajes, del transporte, las tasas impositivas como el impuesto de industria y comercio, el impuesto predial, el cuatro por mil, el IVA del diecinueve por ciento saquean a diario un pírrico salario mínimo de los colombianos, que se suma a la inseguridad ciudadana, al abuso de la banca y de las entidades financieras, a la falta de respeto de las instituciones del Estado con las comunidades, el incumplimiento de todos los acuerdos cuando se han conjurado protestas sociales y además si a todo esto, le seguimos sumado las normas para proteger a los grandes empresarios con la ley de financiamiento, equivocadamente salvada por interpretaciones equivocadas de la Corte Constitucional, es cuando entendemos que este paro del 21N, se ha quedado corto, no tendrá soluciones, y todo será un día más de aquellos que hacen parte del folclor nacional, como podría decir el chavo del ocho, o bien el Celio de los opitas que identifica nuestras comunidades nacionales.
Se equivocó el gobierno con la intimidación y el amarillismo de los medios de comunicación al anunciar un PARO de desgracias y de terrorismo. Colombia no está para eso, fuera de seguir de rodillas, dejando que su espalda sea lacerada por sus propios dirigentes de turno. Un día brillará la luz y otra historia cambiará los destinos de nuestra patria.
