viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-04 12:22

Interpretemos la alegría

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | octubre 04 de 2017

La vida como en el teatro ocurre en varios escenarios simultánea o alternadamente, y uno de esos es la alegría.  La razón del payaso de llevar en su rostro continuamente la felicidad, es precisamente que su trabajo en escena permite a los espectadores sonreír, divertirse, ser felices mientras dure la función. La alegría es un valor que se traduce en sentimientos y ambientes que irradian armonía, paz y bienestar, provocando una actitud positiva, resiliente, proactiva frente a la dureza propia de la vida.

Los antiguos griegos simbolizaron el teatro con una máscara a dos caras: una que mostraba alegría o comedia y la otra lo opuesto, es decir, la tristeza o la tragedia.  La máscara sonriente en las tablas producía en el auditorio emociones de gusto porque es sinónimo de agrado, gozo, regocijo, dicha o júbilo.

Pero a la máscara de la alegría se le enfrenta la del dolor y la tragedia, pues es la otra cara de la vida misma, que a lo largo de los años nos va acrisolando con hechos funestos, trágicos, infortunios y difíciles. Por eso pensamos que la alegría es de los niños y los jóvenes, mientras que a medida que acumulamos años debemos ser más serios y reír o divertirnos menos.

De ahí que, como decía Charles Chaplin, desde la cotidianidad debemos observar la vida como una escenificación de la existencia, buscando cultivar el valor de la alegría y el de tener la capacidad diaria de reír. No se trata de vivir en apariencias o con máscaras que oculten nuestra personalidad, sino de interpretar nuestra mejor versión de nosotros mismos, tratando de ser felices y de hacer felices a quienes nos rodean, nadie mejor que nosotros puede interpretar ese personaje.

De esta manera se puede disfrutar conscientemente de cada escenario que nos va entregando la vida, sacar el mejor provecho de cada escena, con una actitud diferente y una mirada más positiva, asertiva, optimista, esperanzadora.  Tampoco se trata de la simple búsqueda de placer a toda costa, como erróneamente los seres humanos entendemos a menudo la alegría o la felicidad.

La alegría es producto de la armonía que genera esa emoción que experimentan las personas ante las satisfacciones propias y del otro, y como en el valor de la amistad se debe cultivar con esmero para que no se pierda con el transcurso de los años.  Pero también es la actitud resiliente de las personas ante las desgracias de la vida, de tal manera que la elección sea propia: el sufrir o el gozar.

Y es que el ser humano alegre y optimista, encuentra en la trivialidad o la rudeza de la vida el gusto por las cosas y en su espíritu mantiene la paz.  De modo que la persona voluntariamente acoge la alegría y es él mismo el que se lo propone porque descubre siempre el lado amable de las cosas sin perder el norte de lo que está pasando en su comunidad.

Hay que tener sumo cuidado con los chistes flojos que hacen poner en ridículo a una persona; por eso, la búsqueda común con el otro es el amor traducido en alegría.   Como la parodia del payaso que siempre quiere hacer reír ante las dificultades por las que está atravesando.  Hay personas que ríen continuamente para no llorar y otras en cambio actúan en la escena del teatro de manera cómica y extrovertida para olvidarse de sus dificultades.

"La vida es una obra de teatro que no permite ensayos; por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida... antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos." Charles Chaplin.


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