viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-28 03:02

Inseguridad y violencia

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | octubre 28 de 2017

Luego de un augurio de erradicación de la violencia, de suscribir unos acuerdos que nos llevarían por el sendero de la PAZ, el índice de violencia crece en forma alarmante, la inseguridad se presenta a borbotones y es uno de los grandes distractores con que cuenta el lenguaje periodístico para hacerlo como la base esencial de los noticieros, especialmente del sensacionalismo y de la forma como se presenta ante la opinión pública mundial, cómo se descuaderna en lo más profundo de sus fibras íntimas, este país.

Nunca podremos sorprendernos de lo que estamos viviendo. Nunca llegara el momento, para las jóvenes generaciones, de que puedan pensar o soñar en vivir en paz y en armonía con todos los colombianos, ya que es un camino largo, tortuoso y que requiere, no la resignación, no doblegar la cerviz, como nos lo exigen las autoridades colombianas, el gobierno y todos los sectores acomodados de éste país, sino que a ella se llegará y se consolidará, cuando las prácticas políticas se cambien totalmente y de raíz, haya una orientación clara y precisa de reorganizar la nación Colombiana.

Cuando haya un poder ejecutivo serio, ponderado donde se reconozcan los valores de la meritocracia y se erradique la politiquería, el amiguismo y el nepotismo, para ocupar los cargos públicos y no se abuse de la contratación de profesionales desempleados para explotarlos vilmente como ocurre hoy en día, se habrá dado un primer paso.

Luego cuando a su vez, el legislativo se depure íntegramente y esté conformado por personalidades al servicio del país, que superen los vicios de la corrupción y haya un cambio total de todos los legisladores, para periodos cortos y sin posibilidad de quedarse a perpetuidad en sus curules y se prohíba su vinculación como la de sus familiares a los cargos de elección popular o de las instituciones o empresas del Estado o que negocien con éste y con aquellos entes estatales, se habrá dado un segundo paso hacia la consolidación de un cambio generacional en la política.

Finalmente cuando el maridaje actual que se tiene entre los organismos de control, como la Procuraduría, la Contraloría y la Administración de Justicia, sea superado por los compromisos que de dichas elecciones dependen y se protejan y se amparan, y estos organismos cuenten con funcionarios íntegros consagrados a su ministerio, solamente, cuando ello ocurra, que ha de ser algún día de la existencia, este país, puede pregonar el regreso a los rumbos de una sociedad que nunca ha tenido, de una sociedad que nunca ha vivido y que está enmarcada en los ideales sociales que trazaron nuestros indígenas, en un ideario violentado por la conquista y destruido por la ambición de la riqueza con que contaban estas tierras.

La impunidad, el crimen de cuello blanco, la complicidad entre los altos dignatarios del Estado y todas esas pandillas que se reparten el erario público y han hecho de los recursos del Estado la fuente de su propia estabilidad económica y personal y la fuente del enriquecimiento que han logrado conquistar, solamente entonces podemos tener la certeza de que hay una posibilidad, al menos, una posibilidad de reencontrarnos con el respeto a la ley, a la autoridad y a la tolerancia entre los colombianos.

Colombia es hija hoy en día, de todos los vicios de politiquería y de las formas soterradas de una administración, que perdió la lucha en la búsqueda de rescatarnos al imperio de la ética y la moral, y fue complaciente con la corrupción, que está comprometida con ella, y se pagan favores mientras se oculta el crimen y el delito, como la forma suprema de administrar y direccionar el rumbo del país.   

 


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