jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-02-08 03:41

Inseguridad total

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | febrero 08 de 2020

Frente a los hechos que los medios de comunicación se encargan de replicar a diario, encontramos un fenómeno social, ante el cual, las autoridades pierden cada día una batalla, cada día pierden el control y quedamos a cada instante, en manos de la violencia y de todo aquello que va en desmedro de las garantías constitucionales y legales que se erigen como es la protección a la vida, pilar fundamental de toda sociedad.

Consideramos a ratos que los administradores de Justicia, han llegado al punto de generar parte de este desorden social, que enrostra una impunidad, una falencia de graves proporciones en el control de la legalidad y que se traduce, como se denuncia a cada instante, de que mientras se detiene a un delincuente, mientras se aprehende a un atracador en la calle, no es mucho el tiempo que permanece retenidos e incluso, que alcancen en pocas horas su libertad, bajo el argumento de que no representan un riesgo para la sociedad, que no se presentó la denuncia a tiempo, que no se estableció la procedencia o el lugar donde se encuentran los bienes hurtados y toda una amalgama de situaciones que terminan generando más caos y más perdida de la poca fe que queda en la Administración de Justicia y en las demás instituciones del Estado.

Este gran mal social se replica en cada población colombiana, y la provincia vive y sufre este conflicto, que se agudiza, que se torna más y más radical, cuando no podemos salir a la calle, sin pensar en que en cualquier momento podemos ser víctimas de los delincuentes que pululan con todas las garantías por las calles, y contra quienes no existe control o forma de hacerle frente, y si no llevamos nada consigo, sufrimos las consecuencias de nuestra pobreza.

Desde la capital de la República, en cada rincón de la patria y en cada uno de los rincones donde nos encontramos nos descubrimos a cada instante en la más completa y absoluta desprotección, cuando por redes sociales, por los medios de comunicación o nuestros propios vecinos y amigos nos llaman para contarnos de la tragedia del hurto, del vandalismo del atraco y de todas las formas de atentados que se viven contra la propiedad privada.

Hemos llegado a pregonarnos impotentes de hacer algo, las mismas autoridades por sendos consejos de seguridad, por toda clase de cámaras de vigilancia que se instalan y que sirven a su vez, para succionar el presupuesto oficial y convertirlo en armas de la corrupción administrativa, hacen parte de un coro de situaciones que no tienen una posibilidad de brindarnos un camino, una esperanza o una luz de salida frente a esta inseguridad que en forma total, se ha tomado toda clase de escenarios a donde acostumbramos a trasladarnos.

Cuál es la luz, cual es el camino que nos queda, si hemos perdido por completo la posibilidad de recuperar entre nosotros mismos el principio de la solidaridad o el principio del afecto que nos entrelace para estar atentos y vigilantes tanto de lo nuestro como del patrimonio del otro.

La ciudadanía no tiene hoy en día, argumentos más allá de aquellos que tienen que ver con la indiferencia, con el desconocimiento del mal ajeno, a decir de todos aquellos que replican, que mientras no se metan conmigo, yo no tengo porque meterme en los líos de los demás. Es una fracción de egoísmo que llevamos dentro, de insolidaridad, de perdida por completo de valores, lo que estamos viviendo, que todo ello contribuye a hacer más grande, más grave e incontrolable todas las formas y manifestaciones de la violencia, de la inseguridad y por qué no decirlo, de abandono por completo de la sociedad misma y de las autoridades que fueron elegidas para nuestra protección y amparo.