Ilusiones sobre un río moribundo
Por: Elías Falla
No puedo entender como tratan de desarrollar en el extremo norte de Colombia sobre la arteria fluvial más importante del país, la navegación de los barcos de gran calado, conociendo que una proyección sobre la vida futura de este rio no es viable, y digo no es viable, porque estamos navegando sobre el calentamiento global.
Tuvimos la oportunidad de verlo agonizante durante los 2 años de verano que padeció nuestra región, cuando fue necesario pedirle ayuda a la represa del Quimbo para que abriera sus compuertas y dejara fluir las aguas de la Magdalena, a pesar que la normatividad ambiental lo impedía.
Ni colocando una draga cada quinientos metros se podrá navegar por él, porque en un día y una noche de invierno fuerte, el nuevo puente Pumarejo se rellena de sedimento dejando atrapados los barcos que se encuentren río arriba, teniendo en cuenta que él transporta en sus 1528 kilómetros de recorrido, todos los sedimentos de sus afluentes hasta bocas de ceniza.
Dicho efecto lo pude observar en una de las columnas de las bases del nuevo puente, donde se forma una isla de sedimento que sirve de plataforma y muelle para los pescadores artesanales del sector; este fenómeno es evidente en menor proporción, en las columnas del puente del río Las Ceibas después de cada creciente donde se acumulan sedimentos que aparecen como islas de arena.
Considero prudente replantear la construcción de un puerto marítimo en Puerto Colombia que posee de manera natural, una profundidad de 80 a 90 metros.
Colombia no está ubicada en el norte del continente donde el hielo se acumula durante el invierno y en verano se derrite, aumentando el caudal de los ríos.
No encuentro la razón para interrumpir el puente Laureano Gómez cuando mejoraría la movilidad de Barranquilla y sus vecindades; la única razón sería política, acabando con los Gómez y subiendo los Pumarejo.
Esta billonaria inversión permanente de dragas, pagaría varias veces la construcción del puerto marítimo y se solucionaría de por vida, pero son más los costos que los beneficios por tan alta inversión en un río moribundo.
Como podemos ver el área deforestada del planeta y en el caso concreto de Colombia, produce una evapora traspiración superior a lo normal y toda ella se encuentra acumulada en forma de vapor de agua; sabemos que el movimiento de dicho vapor en forma de nube, viaja constantemente por acción del viento, la atracción lunar y solar que son las causantes de las mareas bajas y altas; este efecto muy poco probable de predecir, no es garantía para resolver el bajo caudal por las lluvias y la sedimentación atrapada por las columnas del puente.
En otras palabras, no hay que botar el dinero peleando contra la corriente y la sedimentación del río la Magdalena; insisto, los barcos de gran calado quedarán atrapados enseguida del puente Pumarejo.
Darle vida a unos puertos arriba del puente, es una ilusión absurda sin futuro para un río moribundo.
