Ilusiones fallidas
Que pesar por el país; la corrupción está enquistada en todos los órdenes de nuestra institucionalidad y con esa misma bandera se instaló en ellas las Farc.
Luis Humberto Tovar Trujillo
Las personas que actúan de buena fe suelen tener ilusiones que posteriormente se convierten en falsas, porque el interlocutor o de quien se esperan actuaciones coherentes, por actuar de mala fe, no son corresponsables con aquellos.
Eso sucede con el acontecer de nuestra vida cotidiana. Creemos erróneamente que todos actúan con la misma buena fe con la que uno actúa.
En este “mundanal ruido” como decía Carrasquilla, seguimos siendo víctimas de esa “escondida senda” que han decidido tomar, la mayoría de los que se autodenominan dirigentes, llevando a la sociedad al abismo, y haciendo sin pudor, que la posibilidad de retorno en búsqueda de un mejor horizonte sea cada día, más difícil y pedregoso.
Me ilusioné vanamente, lo reconozco, en creer que, dado el hecho de un país inviable por la corrupción de la justicia, los actores visibles e invisibles de esa podredumbre, las tres ramas del poder público buscarían de alguna manera, dar una señal de asombro al país, y haber elegido como magistrado de la Corte Constitucional, otra cueva de rolando, a una persona que no saliera de las entrañas de esas cloacas, que a su vez fue elegido por otra de la misma o peores condiciones.
Que pesar por el país; la corrupción está enquistada en todos los órdenes de nuestra institucionalidad y con esa misma bandera se instaló en ellas las Farc, que ahora aparece renegando de esa podredumbre pero aferrado a ella, empezando por el contubernio montado con los actores antes mencionados, empezando por atracar al pueblo colombiano que dijo a grito entero no querer eso que le llaman paz, que no era más que la mampara, el ropaje para legitimar la pestilencia más horrible sobre el Estado y llevarlo a darle cristiana sepultura por el papa Francisco, en su próxima venida.
Han desaparecido el derecho, como dijera alguien, “el derecho ha dejado de existir”; todo pasando por la vergüenza ante la comunidad internacional, donde autoridades foráneas intervienen para que esta catástrofe moral que se cierne sobre el Estado y la sociedad, produzca alguna actitud favorable, producto de ese llamado de atención, que no se dio en la reciente elección de magistrado, porque esa asociación para delinquir, al menos por ahora internamente con nuestras autoridades, no fue posible recuperar valores y principios, sino que nos invitan a diario a hacernos participes y convivir con ese lodazal. Verdadera lástima.
