Identidad y cultura
Se nos vino la Semana Santa. Garzón abre sus puertas a sus hijos y a quienes de paso van de turistas hacia el sur de Colombia. No tenemos turismo para seducir a los viajeros, no tenemos un turismo para mostrar nuestras bellezas, tarea larga, difícil y comprometedora. No tenemos una proyección que se encamine a reconocer esos elementos que nos distingan frente a lo cotidiano, a lo rutinario y a lo intrascendente. Hemos perdido la vocación de proyección y sin embargo, estamos soñando y seguimos pensando que lo que hacemos es vivir ese sueño.
Nuestras propias gentes, viven la indiferencia y se condenan al olvido. Nuestros dirigentes están aprovechando su cuarto de hora, para pasar y pasar y quedar de nuevo sin hacer nada, viviendo por vivir. Los ciudadanos en general, en medio de sus creencias, han aprendido a rechazar al otro, a minimizarlo y a reducirlo al silencio. Somos herederos de esas formas de ser y de pensar, que discriminan y que busca mantener la ceguera en los otros, para que no descubran la belleza en nuestra propia alma.
Pero en medio de todo, hay una fuerza que nos obliga a luchar contra la corriente, hay una fuerza que nos anima a seguir proyectando esos sueños, y de esta forma, hacemos gestión para procurar presentar una imagen de eso que no nos dan los otros,
pero que nosotros podemos ofrecer, de eso que espiritualmente nos cautiva, nos embriaga, nos seduce: arte, literatura, poesía y la palabra transformada en mensajes que alivien ese sofoco que las altas temperaturas nos acosan y que en medio de las rencillas, los odios y las afrentas, siguen siendo una constante, un postulado, una razón de la sinrazón.
Garzón ha abierto las puertas de cuatro exposiciones que merecen ser visitadas. Exposiciones que conducen a pensar que es vital reconocer la laboriosidad de quienes construyen y plasman esa visión de un mundo que se vuelve inaprehensible, que se diluye y que nos incita a una revolución interna para romper los esquemas, los moldes y todas las formas que nos están anquilosando en lo más profundo de nuestra cotidianidad.
Hoy contamos cuatro salones de exposición, cuatro opciones para reconocer y valorar el trabajo artístico de propios y extraños, en esta ciudad satanizada por los medios de comunicación que no respetan lo nuestro, que no lo rescatan y que vegetan en la desinformación. Ciudadanos vapuleados por la ausencia de políticas institucionales hacia el renacer de nuestras formas de cultura.
Cuatrotablas invita a su sede en la carrera 10 No. 8-47, con una muestra del maestro Emiro Garzón Correa. Igualmente tenemos una Exposición Colectiva de Pintura con obras de Filomeno Hernández, Jairo Plazas, Abiezer Agudelo, Margarita Plazas, Cristina Melgarejo, Carlos Franco, Luis Eduardo Martínez y otros artistas que merecen nuestro reconocimiento.
En las Tiendas Kahvé, que realiza con CUATROTABLAS los Jueves Culturales hace ocho meses, abre sus puertas para que el artista laboyano Mario Ayerbe González, nos presente 25 de sus obras más recientes para su apreciación, valoración y reconocimiento, reconocimiento que mundialmente crece con su largo itinerario por otros lugares del mundo, donde se exalta y se reconoce su trabajo artístico.
Y Jorge E. Buendia, desde el Terminal de Transportes de Garzón, con la complicidad de algunos pintores regionales, logra uno de sus propósitos, como lo es una muestra colectiva de arte para que quienes estén en tránsito, pueda ser un buen aliento y alimento en medio de la modorra y del aburrimiento de esos largos viajes en búsqueda del diamante espiritual de la paz y de la tranquilidad en otras tierras.
Que tristeza que la política y la politiquería inmersa como está en las entidades que tienen la cultura como portaestandarte de su razón de ser, estén aisladas del mundo que les corresponde y no hayan entendido que es necesario fortalecer el trabajo comunitario, que viene exigiendo y demandando acciones de identidad y de fortaleza, sin pedir un voto a cambio y sin condicionar el apoyo a políticas tergiversadas de la convivencia ciudadana.
