Hay que echarle la culpa a alguien
Por: Luis Humberto Tovar Trujillo
Desafortunadamente, hemos perdido la capacidad de autocritica en nuestras actuaciones; y lo que es peor, nos hemos acostumbrado a echarle la culpa a los demás, cuando se fracasa en los objetivos propuestos. Parece más la continuación del libro, “La culpa es de la vaca”, de Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo.
Sucede con el partido de gobierno, que eligió con otros partidos a Duque; y de ahí no más; porque ni es gobierno ni partido de gobierno, es una masa amorfa, todos opinan descoordinadamente del gobierno, más contra el gobierno, y sobre los temas de la agenda nacional, con líder pero sin líder, más dedicado éste, a enfrentar las vicisitudes de su defensa ante esa persecución miserable e infame, por ser el hombre público más importante de América Latina, y ese solo hecho les duele a muchos, especialmente a los mamertos como se les suele llamar, o guerrilleros de cafetería.
Ahora, ante el fracaso electoral pasado, reconocido por el líder con humildad, como él mismo lo dijo, virtud escasa en sus seguidores más cercanos, han cogido de montecito al gobierno y al presidente Duque especialmente, como responsable de la debacle electoral.
En el Huila se sacaron menos votos que en las últimas elecciones regionales, y conste que para esa época no se tenía gobierno, ni presidente del congreso, ni ministros, mejor dicho, en la orfandad de poder total, y con todas esas limitaciones cuantitativamente se sacaron más votos.
No ha habido la más mínima preocupación de construir partido, todo se ha organizado perfectamente, no para hacer política, sino para buscar incensarios, y coros de aduladores, para engrandecer el ego de algunos dirigentes, en un claro narcisismo, que solo entienden el éxito en la medida de los elogios mutuos.
Falsa ilusión, poco exquisita, por cierto; creer que se ganaron unas elecciones en el Huila, con esa pobreza electoral desde el punto de vista cuantitativo, teniendo todo del gobierno, todo del fundador y líder del partido, habiendo liderado entre comillas una de las ramas del poder público, y utilizar con amenazas de sanción a los desobedientes legítimos, modus operandi propio de la caverna electorera.
Hasta cuando abusarán de nuestra paciencia, al decir de Cicerón en su primera Catilinaria; lo cierto es que sin construirse, se está disgregando aceleradamente, por falta de buenos intérpretes del liderazgo de su fundador, porque también allí prevalecen los intereses individuales por encima de los colectivos.
Maldita enfermedad endémica de los partidos, y éste se contagió sin haber nacido vivo y viable, no ha habido ruptura del cordón umbilical, ni con el gobierno ni con Uribe.
