Hambre de protagonismo
Por: Luis Humberto Tovar Trujillo
En relación con el debate al Ministro Carrasquilla, es menester concluir, que la oposición de izquierda, hambrienta y sedienta de protagonismo, después de la derrota dolorosa para ellos, no por la derrota en si misma considerada, porque están acostumbrados a ella, sino porque pese a las garantías otorgadas por el gobierno Santos, creyeron firmemente en triunfar.
De ahí las manifestaciones desesperadas de Petro y sus conmilitones, en sus declaraciones primeras y siguientes en esos días del fracaso electoral, posando de contraparte del gobierno triunfador, y haciendo manifestaciones con exigencias, que es común en su lenguaje, dejando entrever como siempre, la literatura propia del resentimiento.
Se ahogaban en su propia amargura, de no ser por haber aparecido como chivo expiatorio el Ministro Carrasquilla, para satisfacer sus apetitos desenfrenados para atentar contra la honra y el buen nombre de éste, sino también para exigirle, válgame Dios, la renuncia, como si fueran los dueños del gobierno.
Pronunciamientos propios de agitadores antes que lideres de una oposición, llevaron a calentar el debate, repartiendo ética y moral por todas partes, mismos que no han sido capaces de cuestionar la presencia de muchos de sus protegidos en el congreso y que son líderes en cometer delitos de lesa humanidad.
Fue notorio el desconocimiento del contexto económico de la época, deliberado, por cierto, porque estaba por encima el morbo con el que impregnaron el debate, porque el afán era destruir a un funcionario, cercano a los afectos políticos e intelectuales de Uribe y Duque.
La claridad de las explicaciones del ministro, pese a la conmoción generada por las atrocidades del lenguaje utilizado durante varias semanas previas, fueron aún consolidadas con la excelente intervención de Barguil, dando toda una clase sobre el contexto económico de las decisiones de la época, evento académico al que nunca participaron los promotores del debate, porque lo importante era atravesarse como mulas muertas al gobierno que se inicia, sin proponer absolutamente nada positivo, porque para eso no fueron formados sino para arruinar y tratar de aniquilar personas dando clases de ética y moral, que jamás aprendieron.
Los pergaminos de Robledo quedaron listos para un tugurio, lastima semejante inteligencia desaprovechada en ser incendiario y agitador de voluntades, pero como es usual en sus intervenciones, ese repetitivo lenguaje, común en la izquierda, de utilizar expresiones modelo, para tratar de argumentar, decepciona a quienes en la otra orilla lo admirábamos por su contundencia argumentativa.
