Hambre atrasada
Algunos llegan al poder político de manera particular, a desquitarse de su antigua situación de pobreza y miseria y, entonces, a llenar las arcas vacías con el erario de todos los contribuyentes: un hambre insaciable. La avaricia y la codicia no tienen límites en estos especímenes humanos, -¿podrán llamarse humanos?-. La sabiduría popular nos enseña que no hay peor verdugo que aquel que ha sido esclavo, -esto sí que se ve en la realidad-. Cuando no están en el poder, lo critican todo y, en llegando, se quieren perpetuar en él y presentan todos los argumentos para lograrlo, -lo grave es que hay muchos idiotas útiles que lo creen y rodean como bufones al gobernante de turno para comerse las migajas que caen de la mesa del rico-. El recordado Camilo Torres les decía a los estudiantes en la universidad Nacional que no quería discursos socialistas en el aula y en el paraninfo del alma mater; quería verlos revolucionarios en la acción: cuántos son “revolucionarios” de academia y cuando llegan a altos cargos burocráticos son tiranos con sus subalternos; se les olvidó el discurso, olvidaron sus raíces. Los resentidos sociales, políticos y económicos son una bomba de tiempo: en llegando al poder se vuelven los más crueles tiranos. La historia nos muestra ejemplos: Hitler llevó una infancia muy pobre, fue un fracasado pintor, fue un vagabundo sin proyecto de vida, ¿a dónde llegó? Sus fracasos en su vida afectiva y profesional fueron respondidos con agresividad, con un odio y pasión sin límites, -¡líbrame, Señor de los resentidos sociales!-. Mañana serán los peores tiranos en su entorno familiar, social, político o académico. Casi todos los dictadores y tiranos tienen unas raíces sociales y familiares desastrosas. La venganza del derrotado pasional no conoce límites. El desadaptado social se va llenando de complejos hasta llegar a las sicopatías que generan crímenes y toda clase de delitos. Hay personas que alimentan sentimientos de odio a etnias, religiones y partidos; cuando se pueden vengar cometen los más crueles atropellos. Una sociedad desigual es el mejor caldo de cultivo para el crecimiento de resentidos y desadaptados sociales. La descomposición de la familia es el hábitat propio del futuro delincuente. Un Estado que no favorece a la familia es el constructor de una sociedad terriblemente enferma y sus desastrosos resultados se verán a mediano plazo. Las nuevas formas de familia, irrespetando la ley natural, están preparado una sociedad enferma que pagará más temprano que tarde sus aberrantes errores. La sabiduría popular nos enseña: cría cuervos y te sacarán los ojos. Hoy todo son derechos, los deberes los mandamos al cuarto de San Alejo. Hoy hablar de deberes es estar “out” de los parámetros culturales. No le enseñes a tus hijos qué se puede comprar con el dinero; enséñales, más bien, qué no se puede comprar con el dinero. Enséñales a tus hijos que las cosas se ganan, que no existen privilegios, existen oportunidades y se deben aprovechar con disciplina y constancia. Enséñales a tus hijos que se debe ganar el pan con el sudor de la frente, no, con el sudor del de enfrente. Es rentable ser honrado.
