Hacer las reformas dentro de nuestro sistema democrático
La humanidad para llegar al sistema político de gobierno, muy conocido como la democracia, tuvo que hacer un largo camino, infortunadamente marcado por la sangre. El hombre de todos los tiempos, de todas las culturas, ha sido una bestia indómita, agresiva y cruel. La tendencia a dominar al otro, al más débil, ha sido el común denominador de todas las generaciones: de esta lacra no se escapa ninguna cultura; por favor, que nadie se lave las manos; la crueldad del hombre con poder avergüenza al hombre, -si es que tiene vergüenza-. Después de tantos tropiezos, nace la democracia en Atenas hacia el siglo V a. de C. es el gobierno del pueblo, la polis = ciudad, se gobierna a sí misma.
Pero, ¿quiénes podían tomar decisiones, votar? Solo los varones mayores de 18 años; las mujeres, los esclavos y los extranjeros no tenían este derecho, estaba sujeto a los “hombres libres”. Qué democracia, ¿verdad? La democracia es en sí misma muy frágil mientras no haya madurez democrática. Atenas pronto llega a la tiranía. Cuando el hombre se cree dios, se vuelve la bestia más feroz de la jungla humana. La democracia se ha tratado de blindar estableciendo pactos escritos que se han llamado Constituciones, éstas son como la carta de navegación de la organización política del Estado. Nosotros, los colombianos, llevamos doscientos años de vida republicana y, aún estamos lejos de una verdadera democracia. En el colectivo cultural nuestro aparece una mentalidad anárquica, cada quien quiere hacer lo que le venga en gana: lo ancho para mí y lo angosto para usted. ¡Qué buen juego! ¿Verdad? Hecha la ley, hecha la trampa. La cultura del cumplimiento de la ley, está a años luz de muchos. El respeto y amor a la ley aparece perdida en la noche de los tiempos en muchos anárquicos, -cuando les conviene-. El voto, siendo la mayor expresión de la democracia, no quiere ser instrumento de la libre expresión ciudadana, con frecuencia si existe, está amarrado a tanto pillaje y mentira. Mientras usted exija vehículo, comida, camiseta y emblemas para votar, usted no es demócrata; mientras usted no analice con cabeza fría a los candidatos, usted no es demócrata. Mientras usted amarre su voto a odios, venganzas, afectos y desafectos; sencillamente, usted no es demócrata.
Comprar los votos es la más vil falacia contra la democracia. Peor aún, cuando usted se deja manipular y “vende” su voto. No sea truhan, juegue limpio; usted no tiene derecho a hablar de democracia si usted ha vendido su voto; si usted no vota no se llame demócrata, le importa un rábano la sociedad en que vive; sea coherente, váyase a una montaña y viva solo. Cuando una democracia no hace las reformas que necesita el pueblo, fácilmente se llega a una tiranía: para la muestra vea el lector, la terrible crueldad y genocidios del comunismo, del nacional socialismo. En Colombia, si no hacemos las reformas prioritarias en nuestro Estado de Derecho, estaremos al borde de caer en extremos de derecha o izquierda. ¡Líbranos, Señor de caer en un neo nazismo o de un comunismo!
