Hablemos del aborto
Lo sé, a algunas personas les molestará que un hombre hable sobre algo que por razones obvias no tendrá que afrontar de manera directa nunca en su vida, pero al final, el aborto termina siendo un tema que nos compete a todos como humanidad.
El debate en Colombia está lejos de acabar, y es precisamente un debate doméstico porque la regulación internacional más extensa, “respetada” entre países, esta es, aquella que se encuentra contenida en los instrumentos relativos a la aplicación del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, guarda silencio frente a la definición del aborto como un “derecho humano”.
Cuando la Corte Constitucional profirió la Sentencia C-355 de 2006, lo hizo casi que caminando sobre una delgada línea de rocas en medio de una laguna de arena movediza con los ojos vendados y esto fue así, porque no había un lineamiento claro en el ámbito internacional del que pudieran echar mano. Las casi 800 páginas que contienen la Sentencia, no son fortuitas, no fue un capricho, fue una verdadera labor investigativa de derecho comparado, una tarea titánica que dio como resultado las tres causales en las que se permite el aborto en Colombia, pero en ningún caso una licencia para hacerlo de manera indiscriminada. Es más, en uno de sus apartes menos conocidos, reconoce que la comisión de Derechos Humanos, como organismo cuasi-jurisdiccional, no se había pronunciado en ninguna oportunidad sobre el aborto.
Y aunque no lo hubiera hecho, la Corte muchas veces valiente, otras veces osada, pero nunca inferior a la responsabilidad que la Constitución le ha encomendado logró un fallo que de alguna forma lograba un equilibrio entre los diferentes sectores sociales con posturas radicalmente opuestas.
Lo que ha vuelto a abrir el debate (aunque nunca se haya cerrado del todo), es la ambigüedad de una de las causales que en este caso es la que dice “Cuando la continuación del embarazo constituya peligro para la vida o la salud física o mental de la mujer, certificada por un médico”. Y digo ambigüedad, porque hasta la fecha el Congreso no ha reglamentado dicha causal, y eso da pie para que cualquier médico del país, certifique un peligro para la vida que pueda ser como mínimo controversial.
Disculparán los lectores afrontar tan álgido tema en tan pocos renglones, pero algo debe decirse. Que muchos citen a la ciencia para decir que los animales son seres sintientes, pero obvien lo que no requiere evidencia científica como es el hecho de que un niño de 7 meses de gestación perfectamente podría estar por fuera del vientre y con los cuidados debidos, llegar hasta la adultez no resiste ningún test de proporcionalidad.
Todo el apoyo para la reivindicación de los derechos de las mujeres relativos a la reproducción, información, privacidad, y demás prerrogativas desde una óptica apriorística y en todo caso sin tener que cercenar la vida de un niño sin malformación alguna, con una vida viable, y con un padre que quería encargarse de él.
Si hablamos de instrumentos internacionales, que se aplique el artículo 4.1 de la Convención interamericana de Derechos Humanos.