Hablemos de política
Por Álvaro Hernando Cardona González
En Colombia nos inventamos el término politiquería, para describir, no hacer política, sino hacer populismo para llegar a cargos de poder y poder decidir en favor nuestro. En cambio, la acepción de política, sigue allí, por cierto, olvidada en nuestro país porque acá lo que nos gusta es practicar la politiquería y no pensar y ejercer la política. Pues vamos a hablar de política. Entendida en su alcance original griego del arte de gobernar. Incluso (usando las descripciones del argentino Guillermo Cabanellas-el dedicado enciclopedista jurídico) hablaremos de política en el entendido de plantear hechos al servicio de una idea.
La razón de esto es porque debemos empezar a dar insumos a las nuevas generaciones para su formación y pensamiento político ad portas de otra candente campaña proselitista y politiquera. Necesitamos cambiar la manera como evaluamos la política, para buscar el cambio que tanto anhela Colombia. Eso empieza por tener claros principios éticos que guíen el comportamiento moral; necesitamos conceptos claros y un uso adecuado coherente del lenguaje; necesitamos gente con ideas, no sobre cómo llegar al poder sino para ejecutar en el poder; necesitamos buenos seres humanos, que rechacen el mal en todas sus formas y contra todos sin distingos.
Política debe interpretarse como la manera de ejercer el poder para, desde el esquivo sentido común, servir a la sociedad sin distingos de ninguna naturaleza. Y con vocación. Porque no es vocación querer ser alcalde y al mismo tiempo querer ser parlamentario. Una cosa es gobernar y otra hacer las leyes. No es lo mismo ¿ven? Se necesita asegurar los conceptos.
Ser “bueno” es no dañar a nadie. Es rechazar al que ha asesinado o secuestrado, tampoco quien ha apoyado grupos que cometen delitos. Un asesinato o un secuestro, por poner ejemplos, son injustificables y punto. La muerte violenta no tiene edad, no tiene sexo, estrato, ideología…
Los esfuerzos deben estar siempre dirigidos a hacer el bien para el mayor número de personas de una sociedad. Y eso requiere una vocación, estudio, reflexión y esfuerzo. La política es un esfuerzo difícil. Los polítiqueros de hoy saben conseguir votos, opinar en redes, recorrer los territorios, saludar, echarse discursos, prometer, pero no saben gobernar. Llegan a cargos públicos para catapultarse a otros. Los politiqueros no han hecho mucho con sus vidas personales, son malos profesionales, no construyen empresas, no estudian, no escriben, sus vidas familiares en su mayoría no son ejemplares.
Hablar de política exige inteligencia, estudio, no admite ni de asomo el irrespeto o la ofensa, per se es sinónimo de intercambio de ideas y de acuerdos para hacerlas realidad.
