Gobernadores y alcaldes: su hora
Por Álvaro Hernando Cardona González
Especialmente para la economía en general la pandemia generada por el Covid-19 ya dejó claros resultados: atraso, pobreza, desempleo, desnudó al mal llamado “trabajo informal”, destacó el papel de la web y la tecnología, y otros.
Pero cuando coincida su declive con la terminación de los períodos de gobernadores y alcaldes, va mostrar el auténtico resultado de la gestión de estos gobernantes territoriales.
Hasta ahora ha sido regla general que estas entidades quieran descargar la responsabilidad de la crisis en el Gobierno Nacional (que también tendrá su juicio). Mientras la mayoría de los alcaldes, por ejemplo, se desarticularon de las políticas y acciones de los departamentos, tomando decisiones independientes en materias que necesitaban actuar coherentes y de manera unívoca, en transporte, comunicaciones, acopio de información científica, comercio, y otras similares; muchos gobernadores dejaron de ser el punto de articulación objetivo entre acciones nacionales y municipales ratificando que va siendo hora de sincerar la necesidad de tener entes departamentales.
Cuando lleguen los pico de la pandemia los ciudadanos notaremos qué alcaldes se esforzaron por robustecer los sistemas de atención en salud y cuáles no. Los medios han desnudado cómo algunos se dedicaron a criticar al Gobierno Nacional por no comprar respiradores, ampliar los centros nacionales de atención o adquirir medicamentos, cuando han debido hacerlo ellos en el nivel territorial que es la primera línea de atención. Comparemos cuánto ha hecho el Gobierno Nacional en cuatro meses proporcionalmente, pese a críticas pertinentes, con lo que han avanzado los territorios. De hecho, en muchos casos los alcaldes y gobernadores siguieron adelante con fiestas y conmemoraciones, en vez de enfocarse con toda en mejorar los índices de salud de sus habitantes. Ahí están las cifras.
E igual pasa con la economía. Todo el “comercio informal” es sólo responsabilidad de los entes municipales, y también lo es el comercio corriente. Así que bien vale la pena que los alcaldes se despabilen, se articulen con su gobernador, si este tampoco ha tomado como debiera la iniciativa, y tomen medidas de conservación de los empleos y estrategias de choque para reactivar nuevas plazas cuanto antes.
La salud y la economía son asunto de todos. Los bancos, las industrias, las universidades, los centros de investigación, entre otros, deben atenderse por el Gobierno Central; pero la tienda de barrio, los almacenes, los establecimientos de comercio local, las cooperativas regionales, las escuelas, incluso los cultivos, entre otras, deben atenderse por los municipios. Pilas.
