Genere cultura ciudadana
Si hay algo fundamental para la convivencia es tener cultura ciudadana, antes se llamaba URBANIDAD. Los buenos modales parecen ser cosa del pasado en muchos hogares e instituciones educativas; pareciera que el vandalismo y la agresividad con que se tratan las cosas, sobre todo cuando pertenecen al sector público (que es de todos), fuese el común denominador. La Corte Constitucional nos tiene fregados con esa interpretación a nuestra Carta, la absolutización de los derechos individuales nos está permitiendo sacar de lo público todo lo que propenda por el respeto a los otros y las tradiciones de nuestra cultura. En los países de cultura musulmana son sagradas las costumbres y por más absurdas que nos parezcan se respetan, so pena incluso de muerte, ¡qué horror! Sin embargo, allí no hay ni se permite una ONG que proteste y defienda la libertad individual y el tan cacareado “libre desarrollo de la persona”. Aquí en aras de la libertad se pisotean los mínimos derechos de la colectividad: se puede poner música a todo volumen, se invaden las calles y se impide la movilidad vehicular y ciudadana, se estaciona en donde nos venga en gana, se echa la basura a la calle, es insoportable la contaminación auditiva y visual y …, no pasa nada. Atrévase un alcalde a poner orden y verá en dónde va a parar. Aquí se pueden tener relaciones sexuales en el aula de clase y no se puede decir nada, -libre desarrollo de la personalidad-; esto se ha vuelto un axioma social y cultural. Hay un doble discurso en los planes de los gobiernos, incluso son tan cínicos que le piden a la Iglesia, a la que han sacado de lo público, que les ayuden a promocionar campañas en favor de “la familia y la niñez”, ¡qué contradicción! Definitivamente, este es un Estado desencuadernado, -lo grave es que nos estamos acostumbrando a ello-. Los antivalores llegan a imponerse hasta el punto que es normal los atropellos a los derechos colectivos. La situación llega a parecerse a la costumbre de los aztecas de ofrecerles a sus dioses sacrificios humanos y entonces, para aplacar la ira de sus deidades, se sacrificaban decenas de humanos y todo se veía como algo “normal”. El descaro llegó al colectivo cultural, de modo que había que traer prisioneros a los mayas para “celebrar” el espectáculo de los sacrificios masivos. Todo el mundo lo veía “normal”. Los defensores del matrimonio como la unión de un varón y una mujer, del derecho de los niños a nacer en un hogar, del derecho de los padres a educar a sus hijos, de la vida humana como un valor inalienable, estamos llamados a recoger; estamos resultando un espécimen raro. ¡Ah! Agredir a los animales es un delito de lesa humanidad, -por favor no se trata de maltratar a los animales-; pero matar a los niños en su proceso de gestación es un derecho. Tranquilos que quienes propician todos estos antivalores, mañana serán víctimas de su propio invento. Dios no se ha ido de vacaciones. Se acabó aquello que: la democracia es el gobierno de las mayorías, -ahora gobiernan las minorías.
* Obispo de Neiva
