Gánese los espacios
¡Qué cultura la nuestra! En todo buscamos ser la excepción, combatimos los privilegios pero cuando los podemos tener, entonces, a pisar a los otros, ¡qué olímpicos! ¿No? La ley del embudo, lo ancho para mí y lo estrecho para usted. Por favor, marquemos la diferencia por nuestras capacidades, por nuestro esfuerzo no por pergaminos tontos y fatuos.
Compita sí, pero compita con calidad; al primero a quien debe retar es a usted mismo; usted es el constructor de su futuro, no sea zángano, no le tire la toalla al vecino. Todos debemos tener las mismas oportunidades, otra cosa son los resultados. El que deja pasar el tren de las oportunidades y no se subió, que asuma las consecuencias. La igualdad es una injusticia, cada uno cosecha lo que siembra, el vago y el sinvergüenza deben correr su propia suerte.
La vida es una lucha constante, hay que formar al niño y al joven, los éxitos no vienen solos, son fruto de la constancia, de la disciplina y del continuo esfuerzo. El dinero fácil solo aparece en los narcotraficantes, en los que le roban al Estado, en los que explotan a las viudas, a los huérfanos, a los desprotegidos, a los discapacitados. Ese dinero es maldito, un día llegará la cuenta de cobro y con creces. Esos programas que estimulan a un tipo de población discriminando a otra, no estimulan la productividad. Por ejemplo ,el programa “ser pilo paga”, es bueno si no le ponemos límites de estratos sociales: los ricos y los pobres tienen el mismo derecho, basta ser “pilo” sin calificativos sociales. Otro ejemplo: la tan cacareada equidad de género.
Los cargos no se dan teniendo en cuenta porcentajes de género. Basta que una persona sea capaz y eficiente para que pueda desempeñar un cargo, sin discriminar si es varón o mujer, si es indígena o afrodescendiente; es un ser humano y es suficiente. Esas discriminaciones étnicas, políticas, religiosas, sociales son nefastas. Para mí no cuenta si es varón o mujer, si es creyente o no para asignar los cargos en el sector público sobre todo, basta que sea persona y eso es lo indispensable. No prefiramos a la mujer o al varón; al indígena o al afrodescendiente; al pobre o al rico.
Es un ser humano y tiene el perfil que se necesita, entonces, acabemos con toda clase de discriminaciones. Los derechos los tiene por naturaleza el ser humano, no una etnia o cultura determinadas. Hay cargos en donde el perfil femenino es más acorde con el desempeño, pues, entonces, asígnese a una mujer; si el cargo exige un perfil masculino, entonces desígnese a un varón. Por favor, acabemos con los populistas y sesgados porcentajes. Eso no es sano para la prosperidad de los pueblos. En general, varones y mujeres tenemos las mismas capacidades intelectuales para acceder a los cargos, entonces, ¿para qué equidad de género? Eso es populismo barato. Acabemos con el prurito de grandeza del famoso: “¿Usted no sabe quién soy yo?”. Por favor, quien tiene un alto cargo debe ser el más respetuoso de las leyes: señales de tránsito, normatividad urbanística, social, económica, etc.
