Galán el Patriota olvidado
Por: Néstor Pérez Gasca
Los discursos de Luis Carlos Galán, que parecían nacer de la ímpetu de su corazón, nos hicieron regresar la esperanza y pensar como muchas veces lo habíamos soñado, que nuestra patria por fin tendría un estadista que no pensaba en sus propios intereses sino un hombre al que le cabía en su razón un Estado social de derecho, en el cual no solo importan las instituciones sino también los ciudadanos; estas fueron su plegarias las de un hombre que al parecer no quería atornillarse al poder, ni mucho menos quería ser un mesías idolatrado por la efervescencia de la ignorancia parroquial, más bien buscaba que sus prosélitos no olvidaran que el legado liberal siempre debía pregonar la igualdad con justica social, tal y como lo habían sentenciado los liberales grandes como Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliecer Gaitán ambos mártires por los enemigo de la trasformaciones sociales que se oponía al legado de desigualdad y vasallaje de los oligarcas de la época. Lo paradójico es que los crímenes de estos grandes hombres, como el de tantos líderes sociales le han quedado grandes a la justicia Colombiana, engrosando las morosas cifras de impunidad.
Hoy en día, 30 años después, uno no sabe si es peor la impunidad de su muerte o lo inerte de la misma, al parecer los esfuerzos de este hombre, terminaron con su innecesaria e innocua muerte, pues su famosa frase "La justicia, como la libertad y la vida, tenemos que conquistarla todos los días. La lucha por estos ideales no termina nunca" sigue vigente, ni una sola palabra le sobra al compararla con nuestro contexto político y social actual; de igual manera -Colombia sigue dominada por una oligarquía política, que convirtió la administración del Estado en un botín que se reparte a pedazos- de lo anterior lo único que cambio fue el “nomem” de oligarquía política por el de empresarios o patrocinadores, en consecuencia las prácticas irregulares de esta especie de malhechores siguen siendo las mismas de antaño.
En conclusión casi nada se ha cambiado pues al ritmo que crecen los números de ciudadanos, vienen creciendo las desdichas, quizás lo único que cambiado son los electores que ahora son más corruptos que los candidatos.
