Gabinete local y liderazgo social
Por Amadeo González Triviño
Se viene pregonando una pronta e inmediata reestructuración del gabinete municipal en Garzón, como sucede o puede suceder en muchas ciudades de Colombia, pero según se dio a conocer por las redes sociales nuestras y se aclara que el mismo mandatario seccional así lo ratificó. Este hecho ha suscitado mucha atención y deseos de ver un cuerpo de colaboradores nuevos, profesionales idóneos y transparentes en su vida pública y privada, que es lo que realmente se corresponde, cuando se tiene sentido de pertenencia, con vocación de servicio y direccionadas hacia aquellas propuestas de cambio lideradas en el momento electoral del año anterior.
Siempre hemos consideramos que los procesos políticos tienen que tener coherencia, deben convertirse en una estrategia que desde el proceso electoral mismo e incluso que previo a ese momento, el candidato que sea elegido tenga una visión real de ese equipo de colaboradores a ser escogidos para ejecutar y cumplir precisas instrucciones en la consolidación de un programa de gobierno ofrecido al elector, a la comunidad en general, pero generalmente se peca, hasta última hora se van haciendo ubicaciones y ofreciendo puestos a personas que no tienen la más mínima capacidad por una parte, la experiencia por la otra y la idoneidad para entender el compromiso con la función pública. Esa es la razón para que los cambios se den a tan pocos meses de gobierno, máxime en una época difícil como la que estamos viviendo. No dieron la talla y no conocen su oficio.
Es triste encontrar los mismos resabios de siempre en este proceso que se generaliza, incluso por el mismo mandatario, cuando se advierte que les ha pedido la renuncia a todo el equipo de colaboradores, para replantear su rol en la administración. Ello no debería ser así. ¿Hay total desconfianza que se debe actuar de esa manera? Públicamente se deben hacer los cambios sin llegar a esas figuras de antaño y funcionario que no esté ejecutando y cumpliendo sus funciones, es el que debe ser removido de su cargo, sin más arandelas, sin más cortapisas y así ir perfilando el engranaje requerido para llegar al fin de una etapa de gobernabilidad, pero por lo visto, todos deben sufrir las consecuencias de dicha decisión.
Las costumbres políticas nos llevan a entender que detrás de todo gabinete se esconden alianzas con concejales, políticos de turno y los compromisos con ciertos grupos que acompañaron al mandatario, sea del nivel que sea, pero esa autonomía, esa propuesta generalizada de encontrar los más idóneos, los que por méritos deben ser elegidos, debería ser la premisa y el compromiso al asumir sus cargos y de esta manera dejar esas componendas que están ligadas a procesos donde no hay coherencia entre el proyecto presentado y la administración que ha de ejecutarse, y ese pago de favores que se enrostran sin transparencia, que envuelven relaciones sentimentales afectiva o afinidades familiares entre funcionarios públicos o de las corporaciones, está mandado a recoger, es antiético, antimoral y desdice de sus protagonistas. El gobernante de una administración que busca el cambio, debe dar ejemplo y rectitud, como otrora lo hicieron personas respetables en la vida pública y de gratos recuerdos en este municipio.
Las administraciones no pueden estar a la deriva, al cambio sucesivo de funcionarios, es un gran error. Se requiere que esos funcionarios tengan una continuidad y se les someta permanentemente al reproche ciudadano, político y direccional, tanto por el mismo nominador como por la ciudadanía en general.
Y que se advierta a esos colaboradores que han de ser nominados y posesionados al asumir sus cargos, la responsabilidad penal, fiscal, disciplinaria y política, como la base de su vinculación, y que no pueden estar distribuyendo o exonerándose de su responsabilidad en la construcción de los mandatos ciudadanos que se les delega, mucho menos, estar quejándose por los recursos económicos que representan sus salarios o sus gastos de representación, porque la administración pública no puede seguir siendo un foco de corrupción y de entorpecimiento para depurar los vicios que otrora ya conocemos.
Que haya cambio, pero que sea una experiencia, para saber elegir a los mejores que representen un liderazgo social y humano, sobre todo, humano.
