Fraude electoral silenciado
Muchas veces hemos sostenido que el país no soporta tanta intolerancia, tanta injusticia, tanta impunidad, y sobre todo, que sigamos naufragando en medio de una corrupción que nos ha hecho perder la razón de ser del Estado Social de Derecho, para convivir en una democracia lapidada y silenciada por la indiferencia y sobre todo, por el olvido.
No tenemos memoria y si algo nos queda, es para acomodarnos a esa condición servil de la inflexión y de la renuncia a los ideales, a los sueños y a la esperanza.
Cuando a nivel mundial se conocen muestras evidentes de la lucha contra las manifestaciones que se esconden dentro de los procesos políticos, como en España, en Brasil, en Argentina incluso y en otras tantas democracias, es cuando tenemos que resignarnos a seguir dependiendo de funcionarios mediocres o de personas ineptas que por congraciarse con el establecimiento, terminan por renunciar a los mínimos rezagos que les queda, de ética y de moral, si es que algo, aún se salva.
Es incuestionable que, entre otras cosas, desde la época de
Samper en la Presidencia, se pregone por parte de los candidatos que todo ha sucedido a sus espaldas y que son los Gerentes de Campaña o los jefes de partido, los que terminan negociando un respaldo o un apoyo a determinado candidato, sin importar los compromisos que se adquieren, la financiación o los recursos que se reciben.
Colombia ha estado salpicada en todo momento por fenómenos que han desbordado la legalidad, institucionalmente la Contraloría y las Procuradurías, amén de otras instituciones de control y de justicia, han llegado a sufrir las consecuencias de la corrupción, del fraude y de la negociación de una postulación o de una selección en una terna, para llegar en últimas a ocupar tales cargos. Y todo se convirtió de la noche a la mañana, en un proceder legalizado y permitido en el quehacer de la lucha por el poder.
Hoy, el Fiscal General de la Nación, inferior a su condición de funcionario público y en una actitud que debe ser de abierto cuestionamiento ético y político y que debería ser motivo de censura generalizada, anuncia tener conocimiento de una serie de hechos y de circunstancias que se han sucedido en el proceso electoral de éste año, y en forma aterradora, sin reconocer la trascendencia de su dicho y el daño que le causa al país, prefiere guardar silencio y anunciar que después de las elecciones de la segunda vuelta presidencial, ha de anunciarle al país, los hechos de los que tiene conocimiento y de seguro ha de impartir instrucciones para que se detenga o se impongan medidas de aseguramiento, como debería hacerse desde ya.
En tanto, esta pantomima de democracia sigue su curso, todos aquellos que pudieran ser en su momento artífices de tales escándalos electorales, seguirán ejerciendo y desarrollando sus actividades en procura de su candidato a la Presidente y de seguro que bajo su manto protector, seguirán incólume en la lucha por la distribución del poder y por los honores que no se corresponden. Es el imperio del silencio, cómplice entonces, de toda una maquinaria que todo el mundo tiene que rechazar.
Colombia tiene los dirigentes que se merece. Vamos haciendo de la corrupción nuestra forma de convivencia sin que nadie se inmute por la suerte que nos espera.
