Francisco o la luz del evangelio
La comprensible expectativa que la visita apostólica del Santo Padre Francisco había despertado en los diversos estamentos de la sociedad colombiana ha comenzado a generar indiscutibles realidades.
La mas generalizada era sin duda acerca de la eventual manipulación política que podría contaminar su mensaje pastoral, dada la malsana polarización que ha caracterizado el proceso de paz, la firma y contenido del Acuerdo Final, así como su incipiente implementación política, jurídica y social.
No obstante, reconforta observar que tal expectativa viene desvaneciéndose, con la esperanza de que la sensatez, la responsabilidad y el respeto sigan adornando la majestad de la visita, su propósito pastoral y la indiscutible autoridad del Pontífice.
Es grato verificar entonces que la fuerza espiritual de Francisco, su luminoso carisma personal y el maravilloso don de la palabra; desde luego inspirada por la gracia del Espíritu Santo, han sido factores fundamentales para que, por encima de las veleidades humanas y de los mezquinos intereses del poder político e ideológico, estemos presenciando y recibiendo la Luz del Evangelio que nos ayudará a superar la oscura polarización que estimula los bajos sentimientos del odio, el rencor y la venganza.
Es también estimulante verificar que la masiva presencia de fieles católicos, de creyentes de otras religiones y aún de quienes no profesan ni practican ninguna religiosidad, constituye una clara muestra de que el mensaje del Evangelio que encarna el Sumo Pontífice, cada día adquiere más relevancia y concita mayores voluntades; pues frente a las dificultades y desafíos que el mundo moderno nos presenta, es ineludible disponer el corazón para reconocer la vigencia del creador del universo y conectarse espiritualmente con EL, superando de ésta manera la tentación del racionalismo científico que ha pretendido vanamente negar la existencia de Dios.
Permítanme amables lectores, tres comentarios adicionales que por la trascendencia de los hechos merecen especial consideración.
El primero tiene que ver con el discurso formidable del Presidente Santos, pieza oratoria que hace honor al hábil político que es, resaltando su principal o quizás único logro importante de su mandato cual es el haber logrado el desarme de las FARC , empañado por las evidentes falencias en la construcción de equidad social y la real superación de la pobreza y la marginalidad, factores éstos últimos que fueron destacados por Francisco como objetivos fundamentales para evitar nuevas causas de violencia.
El segundo, la festiva y alegre presencia de los jóvenes que colmaron la plaza de Bolívar, a quienes su Santidad Francisco interpreta y comprende en sus angustias y dolores, pero que recibieron con alborozo el contundente mensaje pastoral y social que la Iglesia tiene para ellos, invitándolos a la grandeza y a construir el futuro sin temores.
El tercero, el cordial pero enérgico llamado de atención a los Obispos que hacen parte de la Conferencia Episcopal, exhortándolos a ejercer el ministerio pastoral con humildad y devoción, recordándoles que no son técnicos ni políticos sino pastores, para que nunca se dejen cortejar por los poderes económicos o sociales ni menos aún escuchen los cantos de sirena que de manera sistemática les envían desde el poder político y gubernamental.
En conclusión, la luz del Evangelio con la cual Francisco viene a convocarnos para consolidar una verdadera paz, estable y duradera, en la que no haya exclusiones ni revanchismos, sino que se asiente en la unidad creadora de la Nación, es sin duda alguna la antorcha que iluminará el camino de Colombia. Para ello es indispensable que la Ley no sea la imposición de la fuerza, sino la fuerza de la justicia que habrá de garantizar la sana convivencia.
Coletilla. Para quienes profesamos la fe católica y somos devotos de la Virgen María, fue sublime su gesto de oración ante la imagen de nuestra patrona La Virgen de Chiquinquirá.
