Firmas a granel
Cuando transitamos por las vías públicas de las ciudades, incluso en nuestros domicilios, estamos siendo abordados por algunos equipos de algunos candidatos que aspiran a la presidencia de la República o en su defecto para las corporaciones legislativas en la próxima contienda electoral que se desarrollarán el próximo año. Es impresionante la avalancha de simpatizantes que buscan reunir el número de firmas para oficializar su inscripción en la Registraduría Nacional del Estado Civil. Los candidatos se encuentran desesperados porque se ha vuelto un mercado persa, donde se ofrecen dádivas y promesas que nunca se van a cumplir, con el fin de obtener su rúbrica. Cuando el gobierno nacional propuso esta forma de legalizar la participación de la clase política por este sistema, nunca se pensó que el propósito original de la posibilidad de inscribir candidaturas con respaldo de firmas, en lugar de avales de partidos era el de hacer más abierto el sistema democrático. Recordamos aquellas épocas cuando en las plazas públicas se desarrollaban actos multitudinarios enarbolando el trapo rojo o el azul y los candidatos enarbolaban la decencia y la entrega por defender los intereses de las comunidades ante las instancias nacionales y regionales.
Poco a poco se fueron desfigurando la intencionalidad de estos líderes exponentes de la clase política, porque fueron apareciendo otra clase de intereses oscuros que desvirtuaron totalmente la grandeza de estos dirigentes políticos. El narcotráfico y la mermelada que, patrocinada por los grupos al margen de la Ley y por el mismo gobierno, empezaron a auspiciar esta clase de irregularidades, que se fueron traduciendo en la más escandalosa proliferación de actos delincuenciales, que tienen sumido a una profunda crisis moral de los partidos políticos. Hemos llegado a una situación degradante de estos movimientos, que tienen a sus representaciones legislativas, en la mayoría de los casos en la cárcel y otros sindicados porque han transgredido el Código Penal Colombiano. Han sido desacreditados de una manera, que la misma opinión pública, rechaza de plano cualquier intencionalidad para participar en las próximas justas electorales, como lo reflejan los sondeos de opinión, que realizan de manera periódica las empresas encuestadoras. Algunos dirigentes les dan pena pedir los avales a los actuales partidos y han decidido buscar las inscripciones de sus candidaturas a través de las firmas, que puedan recoger del constituyente primario. Todos los días se conocen a través de los medios de comunicación, los aberrantes casos de corrupción, donde se encuentran comprometidos funcionarios del Estado y parlamentarios, quienes han participado de manera directa e indirecta en el manejo de dineros públicos y provenientes de actividades ilícitas. Todos los sectores políticos han salido salpicados ante la opinión pública, que han desconcertado a toda la opinión pública, porque no se salvan, los sectores políticos de la derecha, ni de la izquierda.
