Fin de la era Lula
De poco sirvieron los logros y su sensibilidad social a la hora de desarrollar una gran transformación en materia económica, su alcance internacional y su historia tan fuera de lo común en el Brasil, durante los mandatos presidenciales de Luis Inácio Lula Da Silva, que logró posicionar a su país en la sexta potencia mundial y que, de acuerdo con la opinión externa, se había convertido en el símbolo de la izquierda latinoamericana triunfadora, después del comienzo de una ola roja que conquistó a 15 naciones de la región y que ha empezado a hacer metástasis en América latina. Su encarcelamiento ha provocado una estocada mortal a toda una generación de dirigentes en la región. Su ideología moderada, generó grandes reformas al interior del país, porque no fue revolucionaria del todo y su gobierno fue siempre amigable con los mercados.
Desafortunadamente su mandato estuvo permeado por el virus de la corrupción administrativa. El Juez Sergio Moro lo condenó a 12 años de prisión, por este delito y por lavado de dinero. Una vez conocida su sanción penal, se había refugiado en la sede del Sindicato de Trabajadores Siderúrgicos en Cao Bernardo do Campo, en jurisdicción del área metropolitana de Sao Paulo, donde había iniciado su carrera política. Hasta su entrega a las autoridades policiales, siempre estuvo rodeado de sus más cercanos colaboradores y de miles de sus seguidores, que todavía se resisten a verlo tras las rejas, al líder que siempre defendió sus intereses laborales de las medidas gubernamentales y de las empresas multinacionales.
De acuerdo con los sondeos de opinión, Lula era considerado el virtual presidente del Brasil, en la próxima contienda electoral que se avecinaba. Pero con esta condena del tribunal colegiado, quedaría impedido de presentarse a cargos públicos. Este es un claro mensaje para todos los líderes latinoamericanos y para la comunidad internacional que han tenido la oportunidad de ocupar la presidencia de sus países, que rechaza de plano cualquier intento de perpetuar estos estilos de corrupción, que se han impulsado en detrimento de las buenas relaciones comerciales y la estabilidad democrática, que debe imperar en los países que conforman el hemisferio sur. Aunque el liderazgo y carisma tan potente e inspirador del expresidente Lula, no deja de causar tristeza y desazón, que termine en un deprimente espectáculo de su condena. Además, el desplome de una figura talentosa, es una fuerte derrota para el pueblo brasilero y es un claro mensaje para todas las democracias del hemisferio occidental.
