Opinión/ Creado el: 2017-07-01 01:48
Fiestas de mi pueblo
Llamamos la atención de los habitantes de nuestro Departamento, especialmente desde la provincia, para que algún día, podamos rescatar y valorar, todos los elementos esenciales de lo que es y ha sido, la tradición y las buenas costumbres enmarcadas en el folclor de nuestra región, en esas tradiciones que durante mucho tiempo alentaron nuestros abuelos y que hoy, es simplemente un factor de distorsión, de engaño y de falsedad, con las actividades carnavalescas de pueblo pobre y esclavizado, como lo que hemos vivido en los últimos años, con ocasión de las fiestas sampedrinas.
Es valedera la forma como en las redes sociales, se protesta y se denuncia la falta de autenticidad con lo nuestro y la forma como hemos perdido el horizonte en copiar y extraer de los carnavales del caribe o de otras regiones, la música, la comparsa e incluso, la forma de vestir y de concurrir a los eventos que en nada se asemejan a los de nuestra vocación costumbrista, ya en desuso y por qué no, relegada al menosprecio de la juventud.
Sí es de extrañar a esos personajes que fueron de nuestro terruño, que hicieron y defendieron en lo más profundo esa idiosincrasia y esas tradiciones que se remontan a los orígenes de nuestras fiestas, porque todo ha perdido coherencia y hemos caído en las apariencias y en el mal uso de unos eventos, para demostrar la carencia de afecto y de imaginación y por qué no de ingenio, en hacer de lo nuestro, el punto de partida de estas actividades.
No vamos a culpar a la Administración Pública, pues como dice el argot popular, ella solo es intermediaria entre el pan y el circo que hay que darle a los electores, para mantenerlos en el adormilamiento y en la pasividad cultural, y de esta manera, bajo el aletargamiento al que se llevan, poder auspiciar el desenfreno y el desorden social, del cual, ya no hay autoridad que valga, ni hay códigos que se puedan aplicar, por esa connivencia entre la corrupción y la desidia oficial, en el permanente y continuo ejercicio del poder que se tiene.
No es entonces válido que enrostremos la responsabilidad de ello a nuestras gentes, quienes sufren las consecuencias de la improvisación y por qué no, del tráfico de influencias que se esconde con estas actividades de desenfreno y de comercialización al extremo de los eventos populares. La venta de licor y la organización de los eventos, en manos de unos pocos afortunados en la distribución de la mermelada, son los únicos beneficiarios de estas festividades, y de ello son conocedores y sabedores los organizadores del mismo, porque quiérase o no, vienen las dádivas y todo lo que sabemos que se esconde detrás de dicho monopolio del poder, para ser los consentidos y supuestos patrocinadores de los eventos.
Por otro lado, como comentaban algunos amigos, lo más simbólico de éstas fiestas, ha sido ver como la comparsa de “Alí Babá y los Cuarenta Ladrones”, es la única que no ha necesitado disfrazarse o hacer parte de los desfiles, porque se les ve deambular en todo momento, se ponen su vestido de gala, se abrazan y se besan y comparten los sitios de honor, desde los palcos principales en los que ofician y patrocinan las fiestas populares; son quienes están prestos para las próximas elecciones a repetir sus curules como ya se acostumbraron en su vida pública como sanguijuelas del poder institucionalizado de la corrupción, a la que hemos llegado.
