miércoles, 08 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-06-09 12:22 - Última actualización: 2018-06-09 12:22

Fiesta y poder

Escrito por: José Eliseo Baicué Peña
 | junio 09 de 2018

Por: José Eliseo Baicué Peña

 

En gran medida, las fiestas son una redundancia de la estructura social, una extensión de tradiciones y costumbres culturales propias de una región. Las fiestas aparecen especialmente localizadas en y como momentos de transición. Cuando las sociedades cambian, cuando los tiempos se hacen distintos hay fiestas y sigue habiendo fiestas cuando se conmemoran dichos cambios.

 

Es como un complejo contexto donde tienen lugar una intensa interacción social, un conjunto de actividades y de rituales, una profusa transmisión de mensajes y un desempeño de roles peculiares que no se ejerce en ningún otro momento de la vida comunitaria.

 

En este sentido, la fiesta tiene su propio sistema de poder que entra en juego con otros sistemas instituidos. La fiesta propicia un espacio en donde es posible la afirmación, el cuestionamiento, la transgresión o la revocación de los valores que dichas relaciones de poder sustentan. Así, la fiesta permite a ciertas comunidades afirmarse como tales ante un sistema opresor, o puede servir de blanco de otros tipos de poder. Por ejemplo, algunos críticos afirman que la Revolución Francesa instituyó un nuevo sistema de fiestas que le permitió ganar reconocimiento e institucionalidad.

 

Umberto Eco dice que la fiesta es un complejo de signos, un fenómeno de comunicación en donde se transmiten significados históricos, políticos, sociales, valores cotidianos, religiosos, que le dan un carácter único o variado, y en los que la práctica festiva, de goce e incluso orgía, se entremezclan con la práctica religiosa o mágica, cumpliendo determinadas finalidades culturales básicas para el conglomerado.

 

Cuando comparamos estos conceptos a la fiesta del San Pedro en Neiva, vemos que algunos aspectos guardan similitud. Pero si observamos el desarrollo que estas fiestas ha tenido en los últimos años, nos sorprendemos de los bruscos cambios que se han dado. Se habla que este año, las fiestas tendrán algunos cambios estructurales, y que algunas cosas volverán a la tradición de los primeros años. Que algunas actividades regresarán a los barrios, a la comunidad.

 

Pero parce que siguen los palcos. ¿Acaso es más importante asignar más espacio a los palcos que a la gente?, ¿la finalidad del San Pedro es hacer negocios?, ¿por qué la poca participación en los desfiles y actos culturales?, ¿qué se quiere transmitir en estas fiestas a propios y turistas?, ¿la finalidad de estas fiestas es hacer negocios?, ¿por qué se está perdiendo la identidad cultural?,

 

No hay que olvidar que las fiestas son del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Y aunque haya un propósito económico, no puede ser el único, ni el más

importante, pues lo cultural, la integración, lo artístico y lo autóctono no se pueden dejar perder.

 

Enhorabuena las fiestas. El jueves anterior se “prendieron” las fiestas sampedrinas en Neiva con el desfile y reinado intercolegiado. Bienvenidas las fiestas, pero también bienvenido el enriquecimiento cultural con esta integración folclórica opita.


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