Feria de avales y promesas
Con la inscripción de listas y sus modificaciones ha comenzado en firme la campaña electoral que habrá de culminar el 27 de octubre.
Es decir que ha concluido la feria de los avales y viene ahora la de las promesas, la abrumadora publicidad, la compra de líderes, la propaganda negra, la manipulación con las encuestas, y la presión sobre los servidores públicos para que devuelvan el favor a sus jefes políticos convirtiéndolos en promotores y activistas de sus candidatos.
En éste escenario empiezan a ser muy importantes los actuales alcaldes y concejales dado que constituyen la base de la pirámide clientelista que sirve para asegurar la permanencia en el poder local.
La inocua ley de garantías que prohíbe la contratación pública desde el pasado 27 de junio, ha terminado siendo un canto a la bandera porque antes de su entrada en vigencia ya se ha activado dicha contratación, con la cual, por una parte; los alcaldes comprometen los apoyos de las comunidades a cambio de la obra o servicio y por otra parte, aseguran los recursos para financiar los gastos electorales de sus respectivas empresas electorales.
Es voz populi desde hace varios años que las cajas menores o mayores para la financiación de las campañas, son las empresas de servicios públicos; los hospitales departamentales y las llamadas eses municipales. Sobre tales entidades estatales es que debería volcarse la vigilancia y el control de las personerías, procuradurías, contralorías y veedurías ciudadanas.
Con la feria de avales, mecanismo a través del cual los jefes de las colectividades políticas escogen sus candidatos, se pactan las coaliciones y coavales, con el fin de organizar las maquinarias y disponer las estructuras clientelistas, para asegurar la elección de gobernadores, diputados, alcaldes y concejales que les garantizarán su dominio por los próximos cuatro años.
No es temerario afirmar que tal mecanismo de los avales se convirtió en un negocio lucrativo para quienes tienen la facultad legal de otorgarlos, y contribuye eficazmente a la deserción de las lealtades partidistas, dado que es común observar que muchos candidatos se han cambiado de partido como cambiarse de vestido.
Empieza ahora la intensa actividad de propaganda electoral a través de la radio, los periódicos y revistas, la televisión local, las ostentosas vallas, los pasacalles, volantes y afiches, con los cuales las campañas mejor financiadas pretenden vender las bondades de sus candidatos, al alto costo de contaminar visualmente, generar basura y fatigar a la ciudadanía que así incrementa su rechazo a los políticos.
Por su parte quienes han apelado a la figura de inscribirse a nombre de movimientos de ciudadanos avalados por la recolección y validación de firmas, pretenden esconder sus vergüenzas partidistas o de pertenencia a las clientelas de las que han sido protagonistas.
Finalmente se acude al viejo truco de las promesas demagógicas y populistas disfrazadas de programas de gobierno. Se repiten expresiones como …. ” Que voy a mejorar la salud, la educación, el apoyo al sector agropecuario, que vamos a avanzar con seguridad, que daré empleo formal a través del turismo, que prometo un NO ROTUNDO a las represas y a la explotación petrolera mediante el fraking, que construiré tantos kilómetros de placa huella, que velaremos por la población más vulnerable, etc, etc.”
Muchos de tales candidatos que se desbordan en promesas trasnochadas ya han sido alcaldes, concejales y diputados. Como botón de muestra, para la gobernación tenemos dos ilustres aspirantes que han sido congresistas y altos funcionarios de reciente gobierno nacional de ingrata recordación por sus promesas incumplidas. ¿Será que los huilenses queremos más de lo mismo? ¿Famiempresas electorales que vienen gobernando desde hace 25 años? Usted querido ciudadano tiene la respuesta.
