jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-03-11 04:49

Feminismo es humanismo

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | marzo 11 de 2020

Se querían apropiar del término y colectivizar el movimiento feminista con una postura monolítica, dejando mucho de que hablar y poco a quienes inspirar.

Censuradoras, con eslóganes y con propuestas más de forma que de fondo. Las edificaciones religiosas son sus enemigas, y muchas veces su protesta pasa a tornarse violenta.

Por suerte hombres y mujeres han entendido, que el feminismo tiene sus raíces en posiciones menos radicales y más efectivas, pero sobre todo colaborativas.

El “macho” contrario a lo que ellas (esas pocas) han determinado, sí tienen y han tenido que ver con los avances del feminismo e incluso los defensores surgen de dónde menos se imaginarían.

Qué una persona religiosa abogue por el feminismo, le parecería raro o curioso a unos cuantos, pero decir que un hombre del siglo XVI que además de eso es un clérigo y de paso católico, haría desteñir el cabello verde de unas cuantas.

Es que, efectivamente ese personaje existió, su nombre era François Poullain de La Barre, un sacerdote francés, cuya obra insignia fue “De la igualdad de los dos sexos”, publicada en 1673, el equivalente a una bomba de hidrogeno literaria para la época. En dicho libro, La barre abogaba por la participación activa y universal de la mujer en  todas las actividades realizadas por el hombre, sin prejuicio alguno, reconociendo en ella las misma capacidad que un hombre.

Recordemos que para un cartesiano como lo era el, vivir en la Francia Absolutista de Luis XIV,  con la mirada rigurosa de sus superiores ecleciasticos no debió haber sido nada fácil tal vez por eso permaneció en el anonimato por mucho tiempo.

Pero he ahí lo bueno y lo grandioso de la especie humana, las ideas no se apropian, fluyen, surgen de quienes menos lo esperan, porque en últimas el feminismo es humanismo, es preocuparse por el otro, y romper barreras imaginarias que los perjuicios han creado a lo largo de la historia.

Siglos después, otro hombre, John Stuart Mill, abogó por el sufragio femenino. El feminismo entonces se nutre no de congéneres sino de almas buenas, así como hubo blancos que abogaron por la esclavitud, o heterosexuales que removieron del código penal la homosexualidad como un delito.

La lucha por los derechos civiles debe ser conjunta, enclaustrarla sólo genera división y sospecha, como la que existe frente a esas sectas que generan todo lo contrario a lo que profesan. Quieren inclusión pero abogan por la exclusividad, quieren comprensión pero son intolerantes frente al prójimo, quieren derechos y libertad pero buscan privilegios.

Lo bueno es que el debate existe y se está pasando de lo simbólico e incluso grotesco, al actuar sostenido y pacífico que logrará mucho más.