Expresidentes insoportables
El papel de los ex presidentes en la mayoría de las democracias serias es bastante claro. Una vez terminan su paso por el ejecutivo, se apartan del poder y dejan de ser los protagonistas en la escena política, dedicándose en su retiro a dictar conferencias y a participar en eventos culturales.
En Estados Unidos y en Europa, estos personajes casi que desaparecen del ejercicio gubernamental y por simple respeto a su sucesor se apartan de la vida pública. Como lo dijo alguna vez Moisés Naím, se convierten en jarrones chinos: son muy valiosos, no sirven para nada y nadie sabe en dónde ubicarlos.
Infortunadamente en Colombia esto no ocurre. Luego de haber ejercido y en algunos casos abusado del poder por 4 u 8 años, los expresidentes siguen “dando lata” sin ningún sonrojo ni vergüenza, pese al hastío ciudadano y a la desaprobación de sus infaustos periodos.
Gaviria terminó su presidencia en 1994 y tras 24 años de haber dejado la Casa de Nariño, sigue manejando los hilos del poder en el Partido Liberal, al punto de ser el artífice del estruendoso fracaso de la candidatura de De la Calle.
De Pastrana ni hablar. Ha sido tal vez la presidencia más nefasta para el país. Además de haber entregado El Caguán a las Farc, dejó que este grupo se fortaleciera y ganara amplia ventaja militar y financiera.
En el caso de Uribe, si bien arrinconó a la guerrilla en sus 8 años y le dio golpes certeros, estuvo detrás de grandes abusos del poder: chuzadas, falsos positivos, corrupción en sus más cercanos colaboradores, etc.
Estos tres personajes siguen influyendo directamente en la política colombiana, al punto de ser decisivos en la actual coyuntura de la lucha por la presidencia. Sin embargo, sus incoherencias son extraordinariamente asombrosas. De ser acérrimos críticos de sus contendores y sus propuestas, pasan a ser ahora sus mejores aliados.
De ser detractores directos de Uribe y su novato candidato, ahora se convierten en sus nuevos mejores amigos. La consabida explicación es que la política es dinámica. No obstante, esto no es más que un eufemismo para ocultar la hipocresía de sus actuaciones.
(*Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO).
