viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-07-14 01:48

Etica-Moral y corrupción

Escrito por: Ernesto Cardoso Camacho
 | julio 14 de 2017

Los sucesivos escándalos de corrupción política y administrativa que se vienen conociendo en los últimos años están llegando a niveles absolutamente intolerables, pues con ellos se evidencia la descomposición ética y moral que carcome como cáncer a las diferentes esferas de la sociedad colombiana, pero que además destruyen la ya frágil institucionalidad democrática del Estado Social de Derecho.
La codicia desbordada por el dinero fácil que generan el narcotráfico y la criminalidad, ya no es característica exclusiva o preponderante en el  modus vivendi de los estratos sociales más pobres e incultos, sino que se convirtió en el modelo preferido de la llamada clase política y empresarial que conviven usurpando los dineros públicos, especialmente a través de la contratación de bienes y servicios en los diferentes organismos del Estado, escalando hasta alcanzar a los entes de control.
Las tres ramas del poder público se convirtieron en el escenario propicio para el asalto de los impuestos y tributos que con tanto esfuerzo aportamos los ciudadanos para el sostenimiento del Estado. Ya es imposible discriminar, pues la gran mayoría, con muy contadas excepciones, de quienes acceden a tales posiciones de poder político compiten ferozmente por ser los más corruptos.
Conviene entonces recordar que los inmutables conceptos de ÉTICA y MORAL han sido expulsados del comportamiento de quienes asumen responsabilidades públicas. Tan esenciales valores sociales han sido reemplazados por un pragmatismo libertario en donde cada quien se impone sus propias normas de conducta, sin importar que de ésta manera se fracture la sana convivencia y el respeto por los derechos de la comunidad. Hay que decirlo con claridad. En ése pragmatismo que cambió al Dios creador del universo por el dios del dinero y del  poder, se encuentra la raíz del relativismo ético y moral que ahora padecemos con la aberrante corrupción.
En éste lamentable contexto es que ahora los pájaros le tiran a las escopetas. No es de extrañar entonces que bajo el pretexto de la competencia democrática el Presidente de un partido insulte y difame de quien oficia como jefe natural de su propia colectividad, tal como acaba de ocurrir con la carta que el senador Andrade le dirigió al expresidente Pastrana la semana anterior.
Responder con altanera grosería y con gran dosis de soberbia, a las justificadas críticas de su equivocado comportamiento político con el cual se traicionan los más preclaros principios doctrinarios de la colectividad azul, constituye un claro ejemplo de ese relativismo ético y moral que caracteriza a los políticos que negocian los principios a cambio de gabelas y prebendas personales.
Se pretendió justificar tan absurdo comportamiento para defender la dignidad de la colectividad conservadora, presuntamente lastimada por las afirmaciones del expresidente; ignorando que es un hecho notorio y vergonzante la abyecta posición política de los senadores directoristas con el gobierno, el cual viene acosado por la falta de confianza y credibilidad ciudadana pero además asediado por escándalos de corrupción; comprometiendo de esta manera la responsabilidad política del partido y sirviendo de idiota útil para acrecentar su división con el fin de complacer los perversos propósitos del presidente Santos.
Se equivoca de cabo a rabo el senador Andrade pues la gran mayoría de las bases conservadoras estamos de acuerdo con las afirmaciones del expresidente Pastrana. Tales bases si sabemos que los principios doctrinarios no se compran ni se venden y que la ética y la moral deben estar siempre presentes en todas las actuaciones del ser humano, máxime cuando tiene a su cargo delicadas funciones públicas.
Para cerrar con broche de oro tal relativismo ético y moral, desde la presidencia de la colectividad impulsa y promueve la candidatura al senado de su hermana, pretendiendo con ello repartir como heredad suya la curul que ocupa hace ya varios años, al mejor estilo clientelista que caracteriza a la desgastada clase política que convive en la aberrante corrupción.

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