Ética e hipocresía
Por Álvaro Hernando Cardona González
Con ocasión del escándalo organizado contra la vicepresidente Marta Lucía Ramírez, hemos tenido los colombianos otra oportunidad para observar la falta de ética e hipocresía que sigue dominando el ejercicio de los poderes, en este caso el político (que sólo tiene de lo que hemos llamado politiquería en el más descarado de los sentidos) y el de los medios de comunicación.
Para quienes creerán (porque somos tan imbéciles que caemos en el juego de quienes manejan el país sólo para sus intereses) que tomamos partido por una u otra parte ideológica esto aplica para todos los que están en el poder dizque representando una u otra vertiente de “pensamiento”. La ausencia de ética e hipocresía les cabe a todos los que el país les importa un pito y aceleran que se acerque al precipicio. Y frustra que hoy no haya faro ético que nos alumbre un camino seguro.
Desde la ética: ¿a quién le cabe que está bien que 23 años después, haya escándalo porque la vice presidenta no quiso contar un episodio familiar en relación con el narcotráfico, hecho que no cometió ella, cuando no lo hay, por las decenas de hechos de personas en el poder que han cometido delitos?
¿No es ético señalar hoy, los hechos que hoy suceden y siguen cometiendo quienes están en el poder? ¿Por qué es escándalo lo de hace 23 años y no lo que hoy está sucediendo? ¿Por qué lo es un hecho de un familiar de alguien en el poder que el cometido hoy por quien detenta el poder?
Estamos de acuerdo con los que advierten que no es ético de Marta Lucía Ramírez y de cualquiera que aspire al poder, ocultar algo de su vida personal. La vida personal de alguien que aspira a gobernarnos, deja de ser privada y se torna pública. Debe saberlo y aceptarlo quien aspire u hoy esté en el poder. También reconocemos decepción en los comportamientos de la vicepresidente. Pero la hipocresía y por tanto la ausencia de pensamiento ético y comportamiento moral de quienes especialmente la critican, es alarmante porque denota dónde estamos y para dónde va el país.
Hoy tenemos gobernantes (presidentes, expresidentes, parlamentarios, magistrados y jueces, gobernadores, alcaldes…) que no dicen sus verdades “privadas”. Tienen riquezas inexplicables y que desbordan por mucho los ingresos vía sueldos públicos o declarados al fisco; tenemos personas que apoyan o han apoyado grupos delincuenciales y pese a “procesos de paz” aún no dicen mucho de lo que hicieron; tenemos periodistas subjetivos que evidentemente sólo investigan en favor de quienes les pagan; todos (sin distingos) los parlamentarios legislando evitando hacerlo para atajar la corrupción; y muchos más funcionarios, columnistas, aspirantes políticos y similares dicen algo pero no actúan coherentes: ¡hipócritas!
